|

Jornada:
Quina Europa volem?
(El projecte de tractat constitucional, a debat de la ciutadania)
València
22 de Maig de 2004
|
|
GRUP DE DEBAT:
L'Europa
en la globalització. DOCUMENTS
Coordinan:
Cesles Navarro (So de Pau), Albert Sansano (Intersindical Valenciana)
|
|
ESQUEMA DE TREBALL
1.
Serveis
Públics i privatitzacions ·
(Albert Sansano)
·
Els
serveis públics essencials: Sanitat, Educació,Transports.
·
Mitjans
de comunicació i la informació democràtica.
Documents:
2.
Militarisme:
(Celes
Navarro)
·
L'Agència
Europea
·
OTAN
·
“Altra
defénsa és possible”
Documents:
3.
L'Europa
Laica (Albert
Sansano)
·
Estats
i religions
·
Constución
Laica?
·
Conseqüències
en la Societat: L'Educació
Documents:
4.
Una
Europa dels Pobles
(Albert
Sansano)
·
El
tractament de la Cultura i les llengües
·
El
dret a l'autodeterminació i les eleccions (el cas d'HZ)
Documents:
5.
Europa
i el Sud (Celes
Navarro)
·
Europa
davant les relacions dels seus paisos membres
·
America
Llatina
·
El
Magreb i el Sahara
·
Orient
Mitjà (Palestina i l'Iraq)
Documents:
|
|
1.
Serveis Públics i privatitzacions ·
·
Els serveis públics essencials: Sanitat,
Educació,Transports
·
Mitjans de comunicació i la informació democràtica.
Documents:
- El peligroso secretismo de la OMC
- L’escola, en venda
- ¿Vender la Escuela en España?
- Sobre los medios de comunicación y la globalización
- Globalización, medios de comunicación y la sociedad
planetaria
|
|
El peligroso secretismo de la OMC
Análisis del Acuerdo General de Comercio de Servicios (AGCS), que
pretende privatizar los servicios públicos
en todo el mundo
Xavier Caño Tamayo, es escritor
y periodista (Agencia de Información Solidaria)
La Organización Mundial del
Comercio (OMC) nació en 1995 como continuación del GATT, la ronda de
conversaciones que se propuso eliminar las barreras arancelarias en el
comercio internacional. Pero la OMC ha pasado de reducir obstáculos
arancelarios a promover normas de obligado cumplimiento para eliminar lo
que de forma eufemística denominan "barreras no tarifarias del
comercio". En lenguaje claro y diáfano: suprimir las leyes y
normas sociales, de protección medioambiental, de seguridad de los
alimentos, de protección del consumidor, de salud
pública y casi todas las garantías laborales. Libertad de
comercio.
Esa
forma de entender la 'libertad' impulsó a finales del siglo XIX a Gran
Bretaña y Francia a atacar puertos chinos con buques de guerra y tropas
de desembarco porque el Gobierno de China Imperial pretendía impedir
que vendieran opio a sus súbditos porque ese estupefaciente se había
convertido en un problema de salud nacional.
En
nombre de esa libertad de comercio, en los arcanos de la OMC se negocia
desde hace un par de años el AGCS, cuyo objetivo es la privatización
de todos los servicios públicos en todo el mundo (salvo policía,
ejército, justicia y Banco Central). Servicios como educación,
sanidad, seguridad social, gestión de residuos, protección del medio
ambiente, etc... En aplicación del AGCS, algunos servicios públicos ya
han sido privatizados total o parcialmente en muchos países como el
suministro de agua potable, las telecomunicaciones y buena parte del
transporte público. El AGCS, además, obliga a los Gobiernos a
suprimir o modificar leyes y normas que regulen y financien los
servicios esenciales y también a recortar presupuestos gubernamentales
para obras públicas y programas sociales.
Los
documentos de la OMC, al referirse al AGCS, evitan cuidadosamente
definir qué es servicio público porque la indefinición es la clave de
todas las arbitrariedades y puerta abierta para permitir el saqueo.
Que
la OMC no tiene buenas intenciones lo muestra que las negociaciones se
desarrollan en el más absoluto de los secretos, a espaldas de los
ciudadanos y de los parlamentos, pero curiosamente no de las
multinacionales y corporaciones. Ni comunicados ni ruedas de prensa.
Pascal Lamy, comisario de la Unión Europea, justifica esa
clandestinidad en aras de “la limpieza del proceso”. Es
mentira. En democracia, la mayor limpieza la garantizan transparencia,
luz y taquígrafos.
La
razón auténtica de la negociación del AGCS es que el mercado de
servicios es un negocio de un volumen inmenso: 50% de la economía
mundial. La sanidad mueve 5,3 billones de dólares anuales; la
educación, 2 billones y el agua, 1 billón. ¿Cómo van a dejar escapar
esa bicoca los amos de la Tierra?
El
AGCS continúa hacia adelante, a pesar de que las privatizaciones de
servicios públicos realizadas hasta la fecha han aportado un
empeoramiento de la calidad de servicio, el aumento de precios, las
agresiones contra el medio ambiente y los despidos masivos para asegurar
mayores beneficios. El caso más reciente de pérdida de calidad de
servicio ha sido el de los ferrocarriles británicos que el Gobierno del
neoliberal camuflado de laborista Toni Blair se ha visto obligado a
retornar al Estado después de pérdidas económicas, numerosos
accidentes y muchas muertes en accidentes. El aumento de precios ha
despojado a millones de ciudadanos de derechos sociales que los
servicios públicos aseguran, contribuyendo a aumentar la desigualdad.
Pero parece dar igual, porque siempre les queda la limosna y la
beneficencia.
El
AGCS responde a uno de los más queridos dogmas neoliberales: El Estado
funciona mal, pero el mercado siempre funciona bien. Ese dogma es el
motor de la conducta chantajista del Fondo Monetario Internacional (FMI)
y del Banco Mundial (BM) que han condicionado ayudas financieras a
países del Sur a la privatización de servicios públicos, puestos al
alcance de la voracidad de corporaciones transnacionales. El auténtico
espíritu del AGCS lo ha manifestado un director ejecutivo de
Columbia/HCA, la mayor corporación hospitalaria privada del mundo, que
ha proclamado que la salud es un negocio como la construcción de
aviones y ha jurado que hará desaparecer todos los hospitales públicos
de EEUU. En esa misma línea altruista, las macroempresas de
distribución de agua, Vivendi y Suez Lyonnaise des Eaux, han obligado a
gobiernos de países pobres o en desarrollo a privatizar sus servicios
de agua con la inestimable ayuda del BM.
El
espíritu que anima a la OMC y al AGCS engendrado por ella es la ética
del gangster, bien sea de Chicago de los años veinte y treinta, de la
Cosa Nostra de Nueva York en los cuarenta o cincuenta, o mafiosos de
Rusia en los noventa. Negocio y beneficio, pasando por encima de todo.
Sin normas, sin reglas. Joseph Stiglitz, que no es precisamente un
activista antiglobalización, pero sí premio Nobel de Economía, ha
denunciado que "tenemos un Gobierno Global en el que un puñado
de instituciones (BM, FMI, OMC) y unos pocos ministros económicos,
vinculados a intereses financieros y comerciales, controlan el
escenario, pero los afectados por sus decisiones no tienen voz".
Habrá que decir, entonces, como los filósofos escolásticos: Niego la
mayor. Es decir, la OMC, que no está sujeta a ningún tipo de control
ciudadano o parlamentario, no tiene legitimidad alguna para actuar como
el gobierno económico del mundo. Y menos para agredir o suprimir los
derechos sociales de los ciudadanos. El comercio no es el principal
valor de la humanidad.
Hay
que frenar el AGCS y, como ha escrito Susan George, hay que poner a la
OMC en su sitio. Los servicios públicos son un derecho, no un negocio.
Los servicios públicos no han de estar sometidos a las leyes de mercado
(si es que existen) sino a disposición de los ciudadanos en igualdad
social y universalidad.
tornar
|
|
L’escola, en venda
Albert Sansano
(Publicat a Saò)
En veure als mitjans l’anunci que posava
en venda la TVV, recordava una conversa amb Pablo, un conegut professor
argentí de la Universitat de Rio que guisa amb regularitat paelles per
als seus companys de treball.
Amb Pablo, buscàvem exemples al nostre
país sobre les diferents formes de privatització de l'ensenyament. I
comentàvem com en l'educació, a diferència d'altres sectors, hi ha
multitud d'estratègies per a atreure el mercat.
Hi ha un ventall de possibilitats per a dur a terme aquestes polítiques
privatitzadores, des de l’acció de l’Ajuntament de València, que
va posar en mans de la patronal la xarxa municipal d'escoles infantils,
a la política del laborista Blair, que també sense escrúpols
ha començat a vendre tot centre públic que no arribe als estàndards
del govern. Aquests camins es mouen entorn d'un fabulós tresor de prop
de 900.000 milions d'euros a l'any, és a dir gairebé tant com tot el
volum econòmic del mercat europeu de l'automòbil.
Per exemple, tenim el que podríem anomenar delegació de serveis.
¿Què dir dels menjadors escolars? Després d'anys de gestió pública,
de projectes educatius de centre, l'administració valenciana ha
impulsat la gestió (cuina i monitors) a càrrec d'empreses d’hostaleria.
¿I què
dir de les activitats de temps lliure
organitzades per pares i mares? La
desaparició dels programes a càrrec
de monitors municipals i les
dificultats a les Associacions de Mares
i Pares per a poder-les realitzar
directament, han traslladat la seua gestió a empreses d'animació “sòcio-cultural”.
Altra estratègia seria la inhibició de responsabilitats. Seria el cas
de la formació permanent del professorat, una tasca contemplada com
obligatòria per part de l'Administració. Dia a dia, són més les
partides cedides a entitats privades per a la seua realització. De les
inicials subvencions dirigides a la renovació pedagògica (MRPs i
Escoles d'Estiu), hem passat a una veritable subhasta pública, en la
qual els sindicats davant les suculentes partides per al seu
desenvolupament, van caure com còmplices d'una porta que en alguns
països ja està copada pel món empresarial.
¿I què dir del mercat informàtic? Ací ja no es tracta de com les
empreses penetren en el mercat de dotació de recursos (la presa de pèl
del programa Infocole de la Generalitat en va ser un clar
exemple), sinó com els discursos acadèmics generen expectatives entorn
la informàtica educativa, la millor publicitat per al consum familiar
d'aquest sector.
Ací no acaben els espais. Pensem en el futur de l’esponsorització
d'activitats escolars, com les que pot realitzar la caixa d'estalvis
del barri amb la contrapartida del col·legi d’obrir un compte, o els
acords d'exclusivitat amb determinada marca per a instal·lar una
maquineta de begudes.
Fa uns anys, es presentà al meu centre una empresa que volia colocar
una tanca publicitària en la zona que dóna a la platja. ¿Ens imaginem
els centres competint en aquest camp? ¿Quin centre no ha rebut la
visita d’alguna empresa oferint-se a fer xerrades sobre alimentació
sana o higiene? Les possibilitats són infinites. Fins i tot, existeixen
editorials que, basant-se en la neccesitat d'adaptar l'ensenyament al
medi, inclouen en els llibres de text, activitats on apareix el nom d’empreses,
casualment multinacionals. Prompte, com ja passa a d’altres
països, una cadena televisiva ens oferirà la instal·lació d'una
connexió via satèl·lit a canvi, això si, de l'obligar-nos a
connectar el televisor a una determinada hora amb emissions de
publicitat infantil. Al temps.
|
tornar
|
¿Vender
la Escuela en España?
Albert
Sansano Estradera
Prólogo
del libro “Los nuevos amos de
la escuela” de Nico Hirtt
Ed Minor Network,
SL
Tras
realizar la lectura de “Los
nuevos amos de la escuela” de Nico Hirtt, inevitablemente pensé
en el proceso de transformación de la escuela en nuestro país y por
tanto, en como se ha ido estableciendo la relación entre el poder y la
educación. Con el objetivo de contribuir al debate que propone el
autor, y centrarlo en la situación del Estado español, me ha parecido
oportuno incluir este breve relato de nuestra reciente historia y con
ello preguntarnos sobre quiénes
son los amos de nuestra escuela y si alguna vez fueron otros los amos de
la misma.
He
decidido comenzar por el periodo republicano, pues es en él, no solo el
momento en que se desarrollan algunas experiencias de construcción de
una Escuela Popular, sino también cuando los legisladores republicanos,
siguiendo las ideas de la Institución Libre de Enseñanza, intentarán
impulsar una primera reforma democrática de la enseñanza. Así,
podemos comprobar como la Constitución del 31 señala que “La
enseñanza será laica, hará del trabajo el centro de la actividad
metodológica y se inspirará en ideales de solidaridad humana... »
y que «El servicio de la cultura es atribución ,esencial del
Estado y lo prestará mediante instituciones educativas enlazadas por el
sistema de la escuela unificada». Este ciclo se completará con
circulares como la de la Dirección General de Primera Enseñanza que en
enero del 32 indicará como “La escuela ha de ser laica. La
escuela debe respetar sobre todo la conciencia del niño. La escuela no
puede ser dogmática ni sectaria. Cualquier propaganda política,
social, filosófica o religiosa queda terminantemente prohibida...”
Desgraciadamente
estas intenciones y sus promotores, fueron brutalmente borrados del
panorama educativo y sustituidos por ese triste recuerdo del
nacional-catolicismo en el que la Iglesia mantuvo el privilegio de
competir con una escuela estatal sin medios ni mas recursos que el “Cara
al sol” y las “Flores a Maria”.
No
será hasta la década de los 70, mientras la crisis económica provoca
en casi toda Europa un retroceso en las inversiones educativas, cuando
los tecnócratas del Opus Dei se plantean, con la Ley General de
Educación, dar la respuesta educativa al desarrollo capitalista que el
franquismo había sido incapaz de hacer. Esta fusión de franquistas y
tecnócratas cristianos les lleva a proclamar que «La formación
humana integral, el desarrollo armónico de la personalidad y la
preparación para el ejercicio responsable
de
la libertad, inspirados en el concepto cristiano de la vida y en la
tradición y cultura patrias; la integración y promoción social y el
fomento del espíritu de convivencia; todo ello de conformidad con lo
establecido en los Principios del Movimiento Nacional y demás leyes
Fundamentales del Reino.»
Esta
Ley, también conocida como la “Reforma de Villar Palasí”, fué un
antecedente de las propuestas neoliberales que años mas tarde
desarrollará el Partido Popular. Su desarrollo se encontrará no solo
con los obstáculos de la situación económica, sino con las tensiones
naturales de la transición política, es decir con quienes ya están
elaborando una alternativa al modelo nacional-católico imperante
durante la dictadura y quienes pretenden sobrevivir al franquismo sin
abandonar el poder. Frente a las diferentes “Alternativas”
que se plasman desde los Colegios de Doctores y Licenciados de Valencia
y Madrid y las “Escoles d’Estiu”, se irán produciendo
diversas reacciones, amparadas bien desde la Federación Española de
Religiosos Enseñantes (FERE) como desde la Conferencia Episcopal.
Es precisamente desde estos últimos sectores que durante el franquismo
habían mantenido un interesado silencio, desde donde comenzarán
a levantarse las banderas de la libertad de los padres para elegir
centro , de la consolidación del sistema de subvenciones o del proyecto
educativo de centro como ideario.
Los
llamados “Pactos de la Moncloa”, comenzarán a alejar a PSOE
y PCE de las propuestas unitarias de enseñantes y asociaciones de
padres y madres progresistas, y como consecuencia, a llevar al
proceso constitucional a la redacción de un ambiguo artículo 27.
Éste, que reconoce a la educación como un derecho público, considera
también la actividad de la enseñanza como un derecho privado que goza
de garantía pública. Un derecho reforzado por los poderes públicos
quienes además ayudaran a la iniciativa privada que reúna los
requisitos que la ley establezca.
Este
artículo, y su desarrollo posterior, permitirá no solo que se mantenga
el sector privado de la enseñanza, ya privilegiado durante la
dictadura, sino que se amplíe al amparo de su caracterización
como servicio público que se desarrolla desde la iniciativa
privada.
La
derecha no se contenta con el consenso constitucional, y una vez mas lo
va a querer interpretar a su manera. Con la Ley Orgánica del
Estatuto de Centros Escolares (LOECE) de 1980, los grupos de
presión ideológica y económica intentarán garantizar «constitucionalmente»
su situación de privilegio. Las propuestas contenidas en la ley de
Educación, y otras tímidas disposiciones y situaciones de hecho
impuestas en los tiempos de la transición, les hacían temer por el
control hegemónico de la enseñanza y por la opción del gobierno sobre
la escuela privada. El Estatuto pretende consagrar legalmente el sistema
educativo franquista y en lo fundamental, dar garantías económicas e
ideológicas a la FERE y a la patronal para que tengan libertad para
campar a sus anchas. Para los gestores de la Unión del Centro
Democrático, la propiedad de la escuela era solo una cuestión de pura
titularidad, y por tanto una vez cumplidos los requisitos que marcara la
Ley, se debería equiparar, a todos los efectos y derechos, los centros
públicos y privados.
Afortunadamente
las protestas que se impulsaron desde las “Escuelas de Verano”
y los recién constituidos STEs, hicieron que esta ley no pudiera
desarrollarse. Ello fue tal, que una vez anulada parcialmente por
sentencia del Tribunal Constitucional, no se llegó nunca a suplir los
vacíos abiertos por dicha sentencia.
En1982,
mas de diez millones de ciudadanos apoyan la idea de un cambio
democrático mas profundo que el producido durante la transición. Tanto
los Movimientos de Renovación Pedagógica (MRPs), como un buen
número de profesores universitarios, vinculados a lo que podemos llamar
pedagogía crítica, se muestran partidarios de colaborar con la nueva
administración. A pesar de ello, la LODE que se hará realidad en 1985,
dejará bien claro que el sistema de la doble red pública y privada iba
a permanecer. Pero si durante la transición se había pactado la
financiación pública de la enseñanza privada a cambio de la
participación democrática, ahora y pese a los millones de votos que le
habían dado al PSOE una mayoría absoluta, éste fue mas sensible a las
protestas de los sectores conservadores que a los sectores progresistas
que en el peor de los casos le habían ofrecido un apoyo crítico. No
obstante, la LODE fue el punto más alto de la participación
democrática en nuestra historia educativa.
Este periodo reformista, fue seguido por el
que bajo el paraguas de “la responsabilidad de gobierno”
podemos calificar como de contrarreforma socialista. En efecto, tras la
huelga de 1988 los sectores mas neoliberales del PSOE no solo acabaran
con el ministro Maravall, sino con lo que significaba su proyecto
político. Aunque su sucesor Javier Solana, mas tarde Secretario General
de la OTAN, y hoy alto
responsable de la Política Exterior y de Seguridad Común Europea, continuó hablando de reforma, en la
práctica inició el principio de su final. De momento, la confianza ya
no estará en manos de esos profesores y profesoras que han osado
rebelarse contra un gobierno socialista, sino que pasará los técnicos
diseñadores del currículum.
Este proceso culminará cuando
en 1990 se promulga la “Ley Orgánica de Ordenación del Sistema
Educativo” (LOGSE). Esta ley, una auténtica contrarreforma
realizada sobre las reformas de la primera etapa socialista abre la
puerta al periodo del reglamentismo. Así vemos como, tras ampliar la
jerarquización y las desigualdades académicas con las nuevas
titulaciones, en 1995, la Ley Orgánica de la Participación, la
Evaluación y el Gobierno de los centros docentes (LOPEG),
sustituirá el protagonismo del profesorado y la participación democrática por los conceptos de
eficiencia, organización y dirección profesional, y se convertirá en
el refrendo legal que permitiría desarrollar un proceso de
privatización de la enseñanza pública sin pasar a manos de capital
privado. Como veremos a continuación, esta fue una lección bien
aprendida por el Partido Popular.
Así fue como tras la
llegada al poder en 1966, el Partido Popular se lanzará a un proceso de
profundización de las directrices neoliberales en el mundo educativo.
Después de un primer periodo sin mayoría suficiente para derogar y
aprobar leyes orgánicas, y en el que desarrollará una política de
ralentización de las leyes heredadas, iniciará otro periodo, no exento
de las contradicciones posibles entre las políticas neoliberales y el
pensamiento conservador y centralista español, en el que desarrollará
los “Decretos de Enseñanzas Mínimas”, la “Ley
Orgánica Universitaria” (LOU) y la Ley de Formación
Profesional” (LFP), y que finalizará con la llamada “Ley
Organica de Calidad de la Educación”(LOCE). Para ello, y a
diferencia de los debates en la época socialista, ni un solo
anteproyecto pudo ser discutido por los sectores sociales implicados en
la educación.
Partiendo del catecismo neoliberal nos hablan
de la educación como un artículo de primera necesidad y no como
un derecho fundamental, responsabilizando a cada individuo de su propia
formación y olvidando la responsabilidad que corresponde al
Estado, y por tanto contraponiendo la “cultura del esfuerzo” a la
inversión en educación. Y es que para la
nueva administración, el problema de la “calidad” es el que hace
entrar en “crisis” a todo el sistema educativo, y éste, se
encuentra en la gestión que del servicio público de la educación hace
la titularidad pública. Por ello, su alternativa será una gestión
privada de este servicio, pero no en el sentido tradicional de la “privatización”,
sino tal y como nos el propio Nico Hirtt en el este libro, con el
mantenimiento del servicio como público, pero con la introducción de
diversos modelos de gestión privada, como la organización de la
dirección o la delegación de servicios en manos privadas (comedores,
actividades extraescolares, formación del profesorado, etc). Todo ello,
eso sí, sin limitar las medidas que posibiliten el desarrollo de los
centros de iniciativa privada.
Es por este objetivo que, entre otras medidas, la enseñanza
democrática es uno de los objetivos fundamentales que pretende combatir
el PP. Su objetivo es crear una burocracia con bajo presupuesto,
construir un grupo cercano y dependiente de la Administración, con un
talante más “comprensivo” ante sus medidas, difusor y controlador
de lo que en cada momento le convenga a la Administración. Estas ideas,
impulsadas como ya habíamos señalado anteriormente por el Gobierno del
PSOE, pretenden establecer de forma definitiva la dependencia de los
cargos directivos (inspectores, directores y miembros del equipo
directivo de los centros) de sus superiores jerárquicos. Como
complemento se pretende un mayor fraccionamiento del profesorado a
través de la creación de nuevos cuerpos, como el de catedráticos. Con
la LOCE reducen aún más las competencias de los Consejos Escolares, a
los que se arrebata la conquista democrática de intervenir en la
elección de los equipos directivos y el derecho a la participación de
las familias en la gestión del centro.
Tenemos mas motivos que nunca para estar preocupados por la
continuidad de una enseñanza obligatoria como garantía del derecho de
todas y todos a una educación que desarrolle sus capacidades en
igualdad de condiciones, que les dote de una formación sólida que les
capacite para afrontar los cambios de la vida, especialmente cuando es
sabido que las desigualdades socioeconómicas y culturales de la
procedencia familiar de los estudiantes se manifiestan en mayores
dificultades para los menos favorecidos. Es preocupante cualquier medida
que restrinja las posibilidades del alumnado de permanecer escolarizado
o que segregue al alumnado con menor rendimiento.
No es de recibo que instituciones financiadas con fondos públicos
seleccionen al alumnado y provoquen la concentración de los problemas
en determinados centros. Sólo pueden aceptarlo quienes compartan la
idea de que el sistema público debe competir con el privado a costa de
quitarse de encima los problemas. Un nuevo modelo de sociedad
debería estudiar incluso que el sistema público pudiera servir para
establecer medidas compensatorias para los alumnos “retrasados”
fuera del tiempo y/o el calendario escolar. Todo, una vez más, exige
inversiones importantes tanto en preparación del profesorado adecuado,
como en recursos humanos y materiales. Y esta Ley, como la LOGSE vuelve
a nacer sin financiación.
Y ante la situación actual,
surge nuestra pregunta, ¿Qué podemos hacer quienes no nos conformamos
con este estado de cosas? ¿Cómo contribuir a una resistencia que
dificulte y haga retroceder los proyectos sociales del neoliberalismo?
Hemos
visto como desde diversos foros, Porto Alegre, Jabalquinto, las jornadas
que organizadas desde nuestro sindicato, o las Escuelas de Verano, han
ido surgiendo propuestas organizativas y de acción que debemos ir
difundiendo y ampliando. También conocemos como se han ido desarrollado
experiencias que demuestran que “otra escuela es posible”. A todo
este proceso, análisis como los que desarrolla “Los
nuevos amos de la escuela”, pueden contribuir a
profundizarlas y recontextualizarlas. Se trata pues de continuar
trabajando día a día.
tornar
|
|
Sobre los medios de comunicación y la globalización:
Cuando hablamos de
globalización, se piensa en un conjunto de relaciones económicas,
políticas y sociales que han modificado sustancialmente a la estructura
mundial.
Donde más claramente se nota estos cambios son en los medios masivos de
comunicación, a partir de los avances tecnológicos y de las
modificaciones políticas y económicas operadas en el nivel mundial.
La globalización en lo comunicacional se revela como una tendencia
hacia el establecimiento de una cultura global.
Mensajes masivos, uniformes, estandarizados son recibidos en el mismo
momento por personas diferentes, en distintos lugares del mundo. Esto
provoca que la función originaria de la comunicación social, la de
transmitir los mensajes generados por miembros de una comunidad, se
pervierta. Hoy los mensajes son generados y manipulados en un lugar
lejano, por personas ajenas y con intereses ajenos a la comunidad que
los recibe. Esto se evidencia aún más en los países periféricos,
como es el caso de Argentina.
Se está produciendo
un vertiginoso proceso de centralización y monopolización de los
medios de comunicación, han pasado de tener un rol estratégico,
convirtiéndose en el área a la que apuntan las mayores inversiones
económicas.
Para resguardar nuestra identidad social y cultural dentro de un mundo
globalizado, es necesario utilizar los avances tecnológicos, de acuerdo
a nuestros propios intereses. Otro tema ligado a éste, es la creciente
influencia de los medio en la sociedad, en la política y en las
instituciones.
Los medios están cumpliendo funciones que deberían ejercer las
instituciones. Las crisis de las representaciones políticas y sociales,
el repliegue del Estado, han llevado a que la gente encuentre en ellos
un canal válido para expresar sus inquietudes y necesidades. Esto se
puede comprobar en la aparición de numerosos programas que se encargan
de "escuchar" y "ayudar" a las personas, como ser
"Causa Común", "Hablemos Claro", etc.
Muchas veces es a través de los medios, que se instalan los temas de la
agenda política, pero estos surgen, a veces, desde el poder, otras de
la comunidad que recurren a ellos para realizar sus reclamos y otras,
incluso, surgen de los propios medios por motivos empresariales.
El circuito mediático está formado por las empresas, los medios y el
público. Las empresas generan mensajes, pero reciben presiones del
poder económico y del poder político; el público recibe esos mensajes
ya manipulados, pero genera, al mismo tiempo, demandas a través del
consumo. Y, por último, los medios a través de los cuales se
transmiten estos mensajes tampoco son neutros.
·
Es notorio que existe
un proceso de monopolización, mediante el cual grandes empresas están
absorbiendo a los pequeños medios. Los medios masivos de comunicación
tienen cada vez mayor poder y tienen una influencia creciente en la vida
política nacional.
Los grandes grupos monopólicos tienden a sustituir el diálogo social,
uniforman, diluyen y lesionan la identidad, al no respetar las
diversidades. Sin duda el principal problema que plantea la
globalización se relaciona directamente con los monopolios y los
oligopolios informáticos.
Por un lado la concentración mediática provoca una merma en las
programaciones locales, en detrimentos de la difusión de la cultura y
las tradiciones de cada comunidad. Por otro lado, el avance de la
centralización ha puesto en riesgo numerosas fuentes de trabajo del
personal de los medios de esas poblaciones.
Los medios masivos de comunicación, son parte constitutiva de la vida
política y su influencia crece junto a la vida democrática; es por
ello que se necesita una legislación con normas claras, para no dejar a
los medios a los avatares de las reglas del mercado. El resultado del
proceso de centralización y concentración monopólica ha dejado
reducidos a dos corporaciones como únicos propietarios de la mayoría
de las empresas que operan los medios de comunicación masivos. La
opinión pública, la vida democrática, depende de la mediación que
realizan estas corporaciones en el procesamiento de la reproducción de
la información y los valores culturales de la sociedad. En cuanto al
modo de nombrar programas, existen
tornar
|
|
Globalización, medios de
comunicación y la sociedad planetaria
Juan Manuel Cardoso Carballo. Granada Gómez del Barco
y Ana González Delgado
El
12 de agosto de 1999, diez sindicalistas franceses de la Confederación
Agraria destruyeron un McDonald’s en la ciudad de Millau, como muestra
de rechazo a la Organización Mundial de Comercio (OMC) y a la
globalización liberal, representados para esta ocasión en una
multinacional de la comida rápida. Casi un año más tarde, el juicio
de los procesados se convierte en una ruidosa y nueva manifestación
contra el sistema, un paso hacia adelante en esa lucha antiliberal que
ha situado a organizaciones como el Banco Mundial, el Fondo Monetario
Internacional o la OMC y a las multinacionales como McDonald’s, Nike o
Levi’s en el punto de mira de todo un ejército revolucionario,
inconformista, amante de la ecología, defensor de los consumidores,
visceral contra los abusos del poder y la manipulación informativa,
activista y obstinadamente dedicado a descubrir los perjudiciales
efectos que para los pueblos habrá de tener la globalización impuesta
por el capitalismo más agresivo.
Estos
manifestantes, como los de Seattle, Davos, Washington o los que
estuvieron a las puertas de las convenciones republicana o demócrata el
verano pasado y los que estarán por tantos lugares en el mundo, hacen
ruido, demasiado ruido, pero también tienen mensajes, saben valerse de
los mismos medios –aunque no siempre con las mismas respuestas y
eficacia- que los dueños y gurús del nuevo esquema mundial. Los
activistas han creado, están creando una sociedad planetaria, con redes
de comunicación internas y con mensajes e imágenes mediáticas
estudiadas, para enfrentarse en una lucha sin tregua y, tal vez,
desigual, contra el poder absoluto del capitalismo que todo lo controla.
No son unos ingenuos. El País del 1 de julio de 2000 informaba:
"Fruto quizás de la veteranía militante de los organizadores, el
guión que prefigura los acontecimientos está perfectamente diseñado
para que los medios encuentren las imágenes más propicias, de mayor
impacto visual". Se refería al juicio antes mencionado pero, ¿no
es verdad que anteriores o posteriores protestas a estas parecerían
hábilmente diseñadas por supuestos estrategas del bando más débil
pero que son capaces de lograr sus minutos de gloria en la televisión?
Estamos,
pues, ante un mundo que cambia, que se convulsiona, que acepta las
nuevas tecnologías con más incertidumbre que esperanza y que observa
atónito cómo todo lo que hasta ahora parecía inamovible se encuentra
en descomposición. ¿Qué es la globalización, cómo nació, cuáles
son sus objetivos y qué relación tiene con el pensamiento único y el
maquillaje o pretendida aniquilación de la democracia participativa?
¿Quiénes están frente a estos enormes poderes que supuestamente nos
quieren silenciar, dirigir, manipular y qué es realmente la sociedad
planetaria que pretenden crear estos rebeldes de la aldea global que
utilizan Internet para organizarse, que no se resignan a aceptar las
imposiciones porque sí y que logran éxitos nada desdeñables en los
medios de comunicación? ¿Cuál es el papel de los mass media en todo
este conflicto? ¿Realmente las empresas informativas están siendo
imparciales o son demasiado fuertes los vínculos económicos como para
no tomar partido por el más fuerte o por el que paga? ¿Y los
periodistas, ¿están preparados para informar sobre una guerra
atípica, no convencional?, ¿están capacitados para acercar a sus
oyentes, lectores y telespectadores la verdad de los hechos?,
posiblemente rebelándose contra quienes los tienen en nómina, ¿miran
para otro lado o informan de lo que sucede con la sutileza e ingenio que
sólo un periodista sabe aplicar cuando no debe permitir que la
fidelidad a los hechos arruine un buen reportaje? El reto, especialmente
para los periodistas de principios del nuevo milenio, no es otro que el
de tomar partido, en el grado de compromiso que uno quiera o pueda, ya
que, directa o indirectamente, le será imposible permanecer al margen o
seguir enarbolando absurdamente la bandera de la independencia o la
objetividad que en la práctica jamás ha existido.
Globalización, pensamiento único y sociedad planetaria:
conceptos para una batalla mediática
Castells
cree que el nuevo mundo que toma forma en este final de milenio obedece
a la coincidencia histórica de tres procesos independientes: la
revolución de la tecnología de la información, la crisis económica
del capitalismo y del estatismo y el florecimiento de nuevos movimientos
sociales y culturales, lo cual ha creado la sociedad red, la economía
global y la cultura de la virtualidad real. Para Jáuregui, la
globalización, que no deja de ser un concepto de moda, es el nuevo
sistema económico cuyos protagonistas principales no son los estados
sino las corporaciones multinacionales y el efecto globalizador –mercado
sin fronteras, circulación de riquezas, aumento del consumo y
aparición de cierta sensibilidad ecológica- nacido en la economía se
está trasladando a todos los ámbitos de la vida humana. Si para los
neoliberales la globalización puede ser la puerta del éxito, también
es cierto que se están generando efectos contradictorios como la
irrupción de una nueva geografía de la exclusión social.
Heinz
Dieterich Steffan asegura: "Un perfil de las quinientas empresas
más grandes de la naciente sociedad global proporciona una idea del
calibán económico-político que se está constituyendo a espaldas de
la sociedad civil mundial" y concluye que el 87% pertenecen a los
países de G-7. Considera que todas las "esferas de reproducción
esenciales" del estado global se organizan de manera jerárquica,
antidemocrática y explotativa. Los eslóganes de los agricultores
procesados franceses no dejan lugar a dudas de cuáles son sus
argumentos: "Los gobiernos son impotentes ante la dictadura del
dinero"; "La OMC es un puro instrumento del liberalismo";
"El control ciudadano es el único que puede garantizar la
soberanía alimentaria frente a los sistemas multinacionales
híperproductivos". A pesar de ello, el FMI afirma que la
globalización "es la interdependencia económica creciente del
conjunto de los países del mundo, provocada por el aumento del volumen
y la variedad de las transacciones transfronterizas de bienes y
servicios, así como de los flujos internacionales de capitales, al
mismo tiempo que la difusión acelerada y garantizada de la
tecnología". Para la Comisión Europea, de acuerdo con lo
reflejado en el informe "Hacer la nueva Europa", "la
globalización disuelve las fronteras tradicionales. La revolución
digital transforma nuestra manera de comunicarnos, de relacionarnos. Los
asuntos mundiales exigen, y cada vez más, respuestas globales"
aunque reconoce la generación de efectos negativos: los resultados
están presentándose más excluyentes que universales, aumentan las
desigualdades entre países y entre grupos sociales y regiones y pueden
peligrar los mecanismos democráticos y las políticas de desarrollo
sostenible por lo que se propone que la apuesta por la globalización
sea compatible con los intereses colectivos de la sociedad.
Y
es aquí donde surge el otro polo del conflicto naciendo así una
batalla en toda regla para la que los periodistas y sus medios deben
prepararse como auténtico corresponsales en una guerra con ganadores y
perdedores, con mensajes subliminales, con discursos estridentes, con
debates encendidos, con propaganda de los más imaginativa y con
escarceos y ofensivas merecedoras de primeras páginas. Por un lado, los
globófilos, quienes se sitúan junto al liberalismo más brutal y a la
sombra de los grandes mecanismos del poder que ni ellos mismo conocen ni
entienden, los que a toda costa defienden la globalización como la
salida a todos los problemas del mundo sin pensar ni un instante en sus
efectos perniciosos o en posibles medidas que atenúen su impacto. De
otro lado, los globófobos, los supuestos perdedores, que son más
numerosos, que gritan más, que se oponen sin recato a la
americanización de la cultura y las costumbres y a la dictadura del
dinero que están aumentando la pobreza y los desequilibrios. Son los
ciudadanos del Norte rico que desprecian los métodos de su entorno y
defienden a los del Sur, sometidos al control indeseable de su
desarrollo. Son los hijos o los nietos del 68 que se ponen ahora en
lucha contra el sistema que no les convence, que les sigue sin convencer
y además les asfixia, un sistema que no evoluciona para solucionar los
problemas de la Tierra sino para hacer más ricos y poderosos a los que
ya son ricos y poderosos. Un sistema que trasciende a lo económico
creando sutilmente una ideología propia: el pensamiento único que,
como argumenta Estefanía, se presenta como indiscutible, en el que no
es posible más que la participación de los especialistas, una
ideología cerrada y muy cercana al concepto de lo políticamente
correcto. David frente a Goliat. Rebeldes
de la aldea global que no creen en las excelencias programáticas del BM
y del FMI por perjudiciales para los más pobres, que se oponen a la
contaminación provocada por el desarrollo incontrolado, que apuestan
por el impago de la deuda externa, que exigen transparencia en las
instituciones como la OMC, que reivindican unas relaciones Norte-Sur
basadas en valores humanitarios y solidarios, que reclaman una defensa a
ultranza del medio ambiente, que no quieren ni oír hablar de los
alimentos trasgénicos y favorecen la agricultura ecológica, que
boicotean a las multinacionales y proclaman las virtudes de las
pequeñas y medianas empresas, que se transforman en activistas al
servicio de la comunidad, que exigen el estricto cumplimiento de los
derechos de los trabajadores, que respetan la diversidad cultural y
aspiran no sin cierta utopía a la constitución de la "sociedad
planetaria".
Globofóbicos
y globófilos, ultraliberalismo brutal y aniquilador versus ecologistas,
intelectuales, sindicalistas, proteccionistas, izquierda alternativa,
anarquistas, humanistas, oenegés, humanitaristas, rebeldes, pacifistas,
en fin, esa amalgama de culturas, ambiciones, aspiraciones, principios,
sentimientos e ideologías que conquistan la calle y casi desde el
anonimato pretenden regenerar lo que el mundo del nuevo milenio parece
que está destruyendo. Hasta aquí, un simple vistazo al problema y a
los contendientes. Somero, sin profundizar, pero suficiente para conocer
las posturas. Ahora bien, ¿qué están haciendo los medios de
comunicación: toman partido, informan, comunican, entretienen,
manipulan, silencian, amplifican? ¿De qué manera se enfrentan los
medios de comunicación a esta vorágine informativa y qué diferencia,
en el seguimiento de los hechos, a los mass media poderosos,
supranacionales con los de ámbito nacional, regional o local? ¿Está
el ciudadano recibiendo toda la información, toda la verdad y
conociendo todos los hechos o sólo una parte? Y si es así, ¿qué
parte de la verdad, de los hechos, de la información y por qué esa
parte y no otra?
Por
último, ¿qué pintan los periodistas en todo esto? Después de todo, y
aunque a veces parezca imposible creerlo, los periodistas son humanos,
tienen corazón, ideas, cerebro, voluntad, emociones y conocimientos –deseo
que todo lo anterior no sea mucho esperar de los periodistas-. ¿Cómo
se comportan o cómo actúan? ¿Qué defensa tienen si se salen del
guión, si es que acaso existe un guión preestablecido? ¿Conocen los
periodistas el proceso de globalización y sus consecuencias o se
limitan, como casi siempre, a reproducir sencillamente lo que no
entienden? El periodista, como antes, como ahora, se encuentra frente al
gran reto del siglo XXI: demostrar de una vez por todas que no sólo
entiende lo que informa, que no sólo conoce del asunto sino que,
además, es capaz de transmitirlo de manera que otros lo entiendan y no
verse por ello condicionado. O sea, los periodistas deben de asumir las
nuevas tecnologías y los profundos, duraderos, provocadores,
beligerantes e influyentes cambios mundiales y deben hacerlo desde la
preparación, la profesionalidad y el compromiso. Preparación porque
los consumidores de su trabajo están hartos de informadores
indocumentados y exigen productos de calidad. La gente no es tonta y los
periodistas no pueden seguir creyendo que están por encima del bien y
del mal. Profesionalidad porque cualquiera no vale para hacer un trabajo
periodístico de cualquier manera. Sólo los profesionales saben qué es
la seriedad, el rigor, la responsabilidad y la capacitación. Y
compromiso porque, aunque ya se practica pero siempre soterradamente,
los periodistas no pueden permanecer al margen y están obligados a
rechazar lo despreciable y promover los mensajes auténticos.
Los medios de comunicación bajo la sospecha permanente y
frente a los desafíos de la globalización
La
información es un extraordinario instrumento de poder, para manipular y
para influir, especialmente en los sistemas democráticos. Jáuregui
cree que para obtener el poder político –cualquier poder, añadiría
yo- es imprescindible organizar la conducta de los demás, y esa
organización siempre implica comunicación, actividad que se lleva a
cabo a través de los canales adecuados y especializados, los medios de
comunicación, fundamentales para la consecución y mantenimiento del
poder. Pero, asumiendo tales cotas de protagonismo llegan a situarse
ellos mismos en el punto de mira toda vez que se erigen, también, como
centros de poder. El nuevo "orden tecnocorporativo
comunicacional" (Jáuregui) ha relegado la búsqueda de la verdad y
ahora lo que importa es el negocio; la información es mercancía –Kapuscinski
está en la misma línea: "La información es una mercancía cuya
venta y difusión pueden proporcionar importantes beneficios"-
sometida a las leyes del mercado y/o un instrumento de concentración de
más poder. Si nacieron como contrapoder, hoy son un poder, pero no uno
más, ni simple, sino un poder de envergadura monstruosa capaz de
erigirse en arbitro y parte, según convenga. Así, la información ya
no es un factor de liberación sino de dominación y los medios de
comunicación entes abstractos al servicio de la información (por
supuesto, cuidadosamente editada) y de la desinformación (perfectamente
estructurada). Por ejemplo, Moncada argumenta que es muy difícil
proponer alternativas informativas a lo que se nos ofrece normalmente
por los poderes establecidos y, si se hace, acaban resultando productos
propios de medios de comunicación marginales. Opina que los medios
convencionales, unos más que otros, "son tributarios del llamado
pensamiento único, prestándole una legitimidad que domina las noticias
que se publican y que termina asegurando que la única democracia
posible es la democracia capitalista en la que la participación
política de los ciudadanos disminuye al tiempo que aumenta la
influencia de los empresarios". O, dicho de otro modo, "da la
impresión de que recibimos una constante aluvión de noticias pero, en
realidad, cada más es más difícil saber exactamente lo que pasa y,
especialmente, las cosas importantes que pasan".
Chomsky
considera que una de las causas esenciales que ha contribuido a la
globalización es el papel de la "prensa empresarial"
advirtiendo a los "mimados trabajadores occidentales" que
deben empezar a olvidarse de lujos como la seguridad en el trabajo,
pensiones, salud, etc., una amenaza machaconamente repetida con el
propósito de asustar y retroceder en exigencias laborales. "El
populacho tiene que ser desviado hacia actividades no problemáticas por
las grandes instituciones de propaganda, organizada y dirigida por la
comunidad empresarial", asegura Chomsky, quien añade que ése
mismo populacho debe ser convertido en "átomos de
consumición" y "herramientas obedientes de producción".
Sometidos a una sociedad global basada en la información y los
multimedia (Dieterich) ello no es sinónimo de integración sino de una
más salvaje atomización que ahondará en las desigualdades y el
adoctrinamiento deltTercem Mundo por las elites. Así, muchos países
que cuentan con televisiones sin posibilidad de corresponsales
extranjeros, han de recibir informativos externos procedentes y
elaborados por la CNN, la embajada estadounidense, la BBC o TVE, al
referirse, por ejemplo, a Latinoamérica. La visión del mundo que
reciben está ligeramente adulterada con la visión de su realizador.
Hay muchas maneras de enseñar el mundo y cada cual lo hace como
buenamente puede, sabe o le dejan. Machado argumenta que "lo que
sí se globaliza, y a mucha velocidad, es la comunicación con el viejo
modelo emisor-receptor: la elite elabora el mensaje, los demás lo
consumen (...) detrás de la libertad enarbolada no está la
espontaneidad de la naturaleza, sino el frío cálculo de las
trasnacionales". La prensa del "mundo libre", volviendo a
Chomsky, funciona bajo un "sistema de indoctrinación y propaganda
estatal", capaz de llegar al tercer mundo con la fuerza, el
interés o la capacidad de seducción suficiente que suelen transmitirse
sin un proceso de reedición crítico o analítico. Esta es la razón
por la que para Dieterich "las relaciones del tercer mundo ‘bailan’
según las melodías que le tocan las trasnacionales de la comunicación
masiva y la agencia de propaganda estatal del primer mundo".
Moncada añade: "El principal hecho de los años noventa ha sido la
creación de un sistema de televisión global dominado por los grandes y
un progresivo declive de la televisión de servicio público" y, en
ese sentido, concluye que los medios hacen ahora lo que antes hacían
los gobiernos, es decir, dirigir a la gente hacia los temas que le
interesan a los poderes, evitando que se preocupen por otros más
importantes o que sean tratados de distinta manera. Se trata de la
estrategia "del entretenimiento a toda costa", de la
saturación publicitaria y con una opacidad tal que los ciudadanos
pueden llegar a estar ahora mucho más confusos que nunca sobre lo que
acontece en el mundo.
Kapuscinski
cree que "la civilización se vuelve cada vez más dependiente de
la versión de la historia imaginada por la televisión. Una versión a
menudo falsa y sin fundamento". El espectador conocerá la historia
"telefalsificada y sólo unos pocos tendrán el privilegio de
conocer los auténticos hechos". Pone como ejemplo de manipulación
la pobreza, presentada como sinónimo de drama del hambre. Sin embargo,
la miseria de dos tercios de la humanidad es la consecuencia de un
reparto no equitativo de las riquezas en el mundo mientras que el hambre
aparece en determinados momentos y en regiones concretas,
considerándose una drama local y sus causas se deben, generalmente, al
clima, a desastres como la sequía o inundaciones o a guerras. Añade
que los mecanismos de lucha contra el hambre suelen ser eficaces. Pero
por televisión se nos muestran imágenes de hambruna y operaciones
especiales mediáticas como la de Somalia pero no se dice absolutamente
nada sobre la necesidad de erradicar la miseria mundial, por cierto,
presentada como asimilada a zonas exóticas, a fenómenos curiosos, a
atracciones casi turísticas. La realidad, en resumen, es que los medios
reflejan lo que pasa únicamente de forma superficial y fragmentaria.
Moncada lo define muy bien: "El mensaje de la dirección a los
periodistas de prensa escrita es: ‘los textos ligeritos, con
constantes llamadas a la atención del lector, frases cortas, algún
chiste o sucedido relacionado con el tema del artículo, nada de rollos’.
Es la doctrina Berlusconi: ‘Bastante harta llega la gente a casa,
harta del trabajo, del jefe, del tráfico como para que le sigamos
complicando la vida desde la tele. El que quiera cosas serias que lea o
que discuta con otros’. O en versión mexicana, la doctrina
Azcárraga, fundador y primer dueño de Televisa: "México es un
país de gente humilde, muy jodida por la vida, que nunca dejará de
estarlo. La televisión tiene la obligación de divertir a esa gente y
hacer que olvide su triste realidad y su difícil futuro".
No
obstante todo lo anterior, es decir, cada uno de los miles de argumentos
que investigadores e intelectuales han propagado para denunciar los
efectos perniciosos de la globalización sobre los medios de
comunicación, en la mayoría de los casos, brazos "armados" y
ejecutores de los grandes poderes que manejan el capital, habrá que
convenir que si el sistema está mal tendremos que hacer algo para
adaptarnos o para cambiarlo y, si está bien, tal vez necesitemos la luz
suficiente para descubrir sus supuestas bondades. Personalmente, creo
que estamos sometidos a las empresas periodísticas o informativas,
esclavizados por su poder omnímodo, condenados a ejercer de meros
comparsas en una orgía de capital, transacciones y grandes decisiones.
A veces, no nos dejan ni mirar; otras, podemos entrar para conocer los
entresijos, casi siempre obedeciendo a intereses que se nos escapan.
Pero nunca podremos contarlo por mucho que escribamos y será así
porque el comunicador, el periodista, aunque esté a sueldo y
convencido, es el enemigo.
Pero
el pesimismo va más allá. Los ciudadanos no somos partícipes, no se
nos tiene en cuenta. El periodista sabe un poco más que el ciudadano
pero es como aquello del burro y la zanahoria. Sabemos lo que quieren
que sepamos. Creemos ser libres e independientes pero sólo lo somos
hasta los límites que los poderosos marcan. El culpable no es la
globalización sino el poder y no el poder político abocado a
servidumbres inconfesables y en disposición de ser usado en cualquier
momento que sea necesario influir en una decisión, sino el económico,
dios de todas las cosas, y el mercado, su gurú y profeta. Aceptando o
asimilando esta circunstancia, por mucho que ello no signifique que
comulgamos con semejantes postulados, amenazas y desvaríos, habrá que
encontrar los elementos positivos en medio de esta batalla. Por lo
pronto, las tecnologías de la información y su adaptación a los
medios de comunicación están propiciando toda una generación de
medios, de empresas y de periodistas con más y mejores posibilidades,
altamente preparados en lo técnico y con un abanico envidiable de
posibilidades para transmitir mensajes eficaces, directos e inmediatos.
Otra cosa es el mal o interesado uso que se haga de todas estas nuevas
herramientas.
| |