Jornada:

Quina Europa volem?

(El projecte de tractat constitucional, a debat de la ciutadania)

València 22 de Maig de 2004

 

 

GRUP DE DEBAT:

L'Europa en la globalització.  DOCUMENTS

 

Coordinan: Cesles Navarro (So de Pau), Albert Sansano (Intersindical Valenciana)

 

ESQUEMA DE TREBALL

 

1.          Serveis Públics i privatitzacions · (Albert Sansano)

·         Els serveis públics essencials: Sanitat, Educació,Transports.

·         Mitjans de comunicació i la informació democràtica.

 

Documents:

 

 

2.          Militarisme: (Celes Navarro)

·         L'Agència Europea

·         OTAN

·         “Altra defénsa és possible” 

 Documents:

 

3.          L'Europa Laica (Albert Sansano)

·         Estats i religions

·         Constución Laica?

·         Conseqüències en la Societat: L'Educació 

 

 Documents:

 

4.          Una Europa dels Pobles  (Albert Sansano)

·         El tractament de la Cultura i les llengües

·         El dret a l'autodeterminació i les eleccions (el cas d'HZ) 

 

Documents:

 

 

5.          Europa i el Sud  (Celes Navarro)

·         Europa davant les relacions dels seus paisos membres

·         America Llatina

·         El Magreb i el Sahara

·         Orient Mitjà (Palestina i l'Iraq)

 

Documents:

 

 

 

 

1.         Serveis Públics i privatitzacions ·

·        Els serveis públics essencials: Sanitat, Educació,Transports

·         Mitjans de comunicació i la informació democràtica.  

 

Documents:

  • El peligroso secretismo de la OMC
  • L’escola, en venda
  • ¿Vender la Escuela en España?
  • Sobre los medios de comunicación y la globalización
  • Globalización, medios de comunicación y la sociedad planetaria

 

 

 

El peligroso secretismo de la OMC

Análisis del Acuerdo General de Comercio de Servicios (AGCS), que pretende privatizar los servicios públicos
en todo el mundo

Xavier Caño Tamayo, es escritor y periodista (Agencia de Información Solidaria)

La Organización Mundial del Comercio (OMC) nació en 1995 como continuación del GATT, la ronda de conversaciones que se propuso eliminar las barreras arancelarias en el comercio internacional. Pero la OMC ha pasado de reducir obstáculos arancelarios a promover normas de obligado cumplimiento para eliminar lo que de forma eufemística denominan "barreras no tarifarias del comercio". En lenguaje claro y diáfano: suprimir las leyes y normas sociales, de protección medioambiental, de seguridad de los alimentos, de protección del consumidor, de salud  pública y casi todas las garantías laborales. Libertad de comercio.

 

Esa forma de entender la 'libertad' impulsó a finales del siglo XIX a Gran Bretaña y Francia a atacar puertos chinos con buques de guerra y tropas de desembarco porque el Gobierno de China Imperial pretendía impedir que vendieran opio a sus súbditos porque ese estupefaciente se había convertido en un problema de salud nacional.

En nombre de esa libertad de comercio, en los arcanos de la OMC se negocia desde hace un par de años el AGCS, cuyo objetivo es la privatización de todos los servicios públicos en todo el mundo (salvo policía, ejército, justicia y Banco Central). Servicios como educación, sanidad, seguridad social, gestión de residuos, protección del medio ambiente, etc... En aplicación del AGCS, algunos servicios públicos ya han sido privatizados total o parcialmente en muchos países como el suministro de agua potable, las telecomunicaciones y buena parte del  transporte público. El AGCS, además, obliga a los Gobiernos a suprimir o modificar leyes y normas que regulen y financien los servicios esenciales y también a recortar presupuestos gubernamentales para obras públicas y programas sociales.

Los documentos de la OMC, al referirse al AGCS, evitan cuidadosamente definir qué es servicio público porque la indefinición es la clave de todas las arbitrariedades y puerta abierta para permitir el saqueo.

Que la OMC no tiene buenas intenciones lo muestra que las negociaciones se desarrollan en el más absoluto de los secretos, a espaldas de los ciudadanos y de los parlamentos, pero curiosamente no de las multinacionales y corporaciones. Ni comunicados ni ruedas de prensa. Pascal Lamy, comisario de la Unión Europea, justifica esa clandestinidad en aras de “la limpieza del proceso”. Es mentira. En democracia, la mayor limpieza la garantizan transparencia, luz y taquígrafos.

La razón auténtica de la negociación del AGCS es que el mercado de servicios es un negocio de un volumen inmenso: 50% de la economía mundial. La sanidad mueve 5,3 billones de dólares anuales; la educación, 2 billones y el agua, 1 billón. ¿Cómo van a dejar escapar esa bicoca los amos de la Tierra?

El AGCS continúa hacia adelante, a pesar de que las privatizaciones de servicios públicos realizadas hasta la fecha han aportado un empeoramiento de la calidad de servicio, el aumento de precios, las agresiones contra el medio ambiente y los despidos masivos para asegurar mayores beneficios. El caso más reciente de pérdida de calidad de servicio ha sido el de los ferrocarriles británicos que el Gobierno del neoliberal camuflado de laborista Toni Blair se ha visto obligado a retornar al Estado después de pérdidas económicas, numerosos accidentes y muchas muertes en accidentes. El aumento de precios ha despojado a millones de ciudadanos de derechos sociales que los servicios públicos aseguran, contribuyendo a aumentar la desigualdad. Pero parece dar igual, porque siempre les queda la limosna y la beneficencia.

El AGCS responde a uno de los más queridos dogmas neoliberales: El Estado funciona mal, pero el mercado siempre funciona bien. Ese dogma es el motor de la conducta chantajista del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM) que han condicionado ayudas financieras a países del Sur a la privatización de servicios públicos, puestos al alcance de la voracidad de corporaciones transnacionales. El auténtico espíritu del AGCS lo ha manifestado un director ejecutivo de Columbia/HCA, la mayor corporación hospitalaria privada del mundo, que ha proclamado que la salud es un negocio como la construcción de aviones y ha jurado que hará desaparecer todos los hospitales públicos de EEUU. En esa misma línea altruista, las macroempresas de distribución de agua, Vivendi y Suez Lyonnaise des Eaux, han obligado a gobiernos de países pobres o en desarrollo a privatizar sus servicios de agua con la inestimable ayuda del BM.

El espíritu que anima a la OMC y al AGCS engendrado por ella es la ética del gangster, bien sea de Chicago de los años veinte y treinta, de la Cosa Nostra de Nueva York en los cuarenta o cincuenta, o mafiosos de Rusia en los noventa. Negocio y beneficio, pasando por encima de todo. Sin normas, sin reglas. Joseph Stiglitz, que no es precisamente un activista antiglobalización, pero sí premio Nobel de Economía, ha denunciado que "tenemos un Gobierno Global en el que un puñado de instituciones (BM, FMI, OMC) y unos pocos ministros económicos, vinculados a intereses financieros y comerciales, controlan el escenario, pero los afectados por sus decisiones no tienen voz". Habrá que decir, entonces, como los filósofos escolásticos: Niego la mayor. Es decir, la OMC, que no está sujeta a ningún tipo de control ciudadano o parlamentario, no tiene legitimidad alguna para actuar como el gobierno económico del mundo. Y menos para agredir o suprimir los derechos sociales de los ciudadanos. El comercio no es el principal valor de la humanidad.

Hay que frenar el AGCS y, como ha escrito Susan George, hay que poner a la OMC en su sitio. Los servicios públicos son un derecho, no un negocio. Los servicios públicos no han de estar sometidos a las leyes de mercado (si es que existen) sino a disposición de los ciudadanos en igualdad social y universalidad.

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L’escola, en venda

 

Albert Sansano

(Publicat a Saò)

 

En veure als mitjans l’anunci que posava en venda la TVV, recordava una conversa amb Pablo, un conegut professor argentí de la Universitat de Rio que guisa amb regularitat paelles per als seus companys de treball.

Amb Pablo, buscàvem exemples al nostre país sobre les diferents formes de privatització de l'ensenyament. I comentàvem com en l'educació, a diferència d'altres sectors, hi ha multitud d'estratègies per a atreure el mercat.



Hi ha un ventall de possibilitats per a dur a terme aquestes polítiques privatitzadores, des de l’acció de l’Ajuntament de València, que va posar en mans de la patronal la xarxa municipal d'escoles infantils, a la política del laborista Blair, que també sense escrúpols ha començat a vendre tot centre públic que no arribe als estàndards del govern. Aquests camins es mouen entorn d'un fabulós tresor de prop de 900.000 milions d'euros a l'any, és a dir gairebé tant com tot el volum econòmic del mercat europeu de l'automòbil.
Per exemple, tenim el que podríem anomenar delegació de serveis. ¿Què dir dels menjadors escolars? Després d'anys de gestió pública, de projectes educatius de centre, l'administració valenciana ha impulsat la gestió (cuina i monitors) a càrrec d'empreses d’hostaleria. ¿I
què dir de les activitats de temps lliure organitzades per pares i mares? La desaparició dels programes a càrrec de monitors municipals i les dificultats a les Associacions de Mares i Pares per a poder-les realitzar directament, han traslladat la seua gestió a empreses d'animació “sòcio-cultural”.
Altra estratègia seria la inhibició de responsabilitats. Seria el cas de la formació permanent del professorat, una tasca contemplada com obligatòria per part de l'Administració. Dia a dia, són més les partides cedides a entitats privades per a la seua realització. De les inicials subvencions dirigides a la renovació pedagògica (MRPs i Escoles d'Estiu), hem passat a una veritable subhasta pública, en la qual els sindicats davant les suculentes partides per al seu desenvolupament, van caure com còmplices d'una porta que en alguns països ja està copada pel món empresarial.
¿I què dir del mercat informàtic? Ací ja no es tracta de com les empreses penetren en el mercat de dotació de recursos (la presa de pèl del programa Infocole de la Generalitat en va ser un clar exemple), sinó com els discursos acadèmics generen expectatives entorn la informàtica educativa, la millor publicitat per al consum familiar d'aquest sector.
Ací no acaben els espais. Pensem en el futur de l’esponsorització d'activitats escolars, com les que pot realitzar la caixa d'estalvis del barri amb la contrapartida del col·legi d’obrir un compte, o els acords d'exclusivitat amb determinada marca per a instal·lar una maquineta de begudes.
Fa uns anys, es presentà al meu centre una empresa que volia colocar una tanca publicitària en la zona que dóna a la platja. ¿Ens imaginem els centres competint en aquest camp? ¿Quin centre no ha rebut la visita d’alguna empresa oferint-se a fer xerrades sobre alimentació sana o higiene? Les possibilitats són infinites. Fins i tot, existeixen editorials que, basant-se en la neccesitat d'adaptar l'ensenyament al medi, inclouen en els llibres de text, activitats on apareix el nom d’empreses, casualment multinacionals.  Prompte, com ja passa a d’altres països, una cadena televisiva ens oferirà la instal·lació d'una connexió via satèl·lit a canvi, això si, de l'obligar-nos a connectar el televisor a una determinada hora amb emissions de publicitat infantil. Al temps.

 

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¿Vender la Escuela en España?

Albert Sansano Estradera

 Prólogo del libro Los nuevos amos de la escuela” de Nico Hirtt

Ed Minor Network, SL

Tras realizar la lectura de Los nuevos amos de la escuela” de Nico Hirtt, inevitablemente pensé en el proceso de transformación de la escuela en nuestro país y por tanto, en como se ha ido estableciendo la relación entre el poder y la educación. Con el objetivo de contribuir al debate que propone el autor, y centrarlo en la situación del Estado español, me ha parecido oportuno incluir este breve relato de nuestra reciente historia y con ello preguntarnos sobre quiénes son los amos de nuestra escuela y si alguna vez fueron otros los amos de la misma.

He decidido comenzar por el periodo republicano, pues es en él, no solo el momento en que se desarrollan algunas experiencias de construcción de una Escuela Popular, sino también cuando los legisladores republicanos, siguiendo las ideas de la Institución Libre de Enseñanza, intentarán impulsar una primera reforma democrática de la enseñanza. Así, podemos comprobar como la Constitución del 31 señala que “La enseñanza será laica, hará del trabajo el centro de la actividad metodológica y se inspirará en ideales de solidaridad humana... » y que  «El servicio de la cultura es atribución ,esencial del Estado y lo prestará mediante instituciones educativas enlazadas por el sistema de la escuela unificada». Este ciclo se completará con circulares como la de la Dirección General de Primera Enseñanza que en enero del 32  indicará como “La escuela ha de ser laica. La escuela debe respetar sobre todo la conciencia del niño. La escuela no puede ser dogmática ni sectaria. Cualquier propaganda política, social, filosófica o religiosa queda terminantemente prohibida...”

Desgraciadamente estas intenciones y sus promotores, fueron brutalmente borrados del panorama educativo y sustituidos por ese triste recuerdo del nacional-catolicismo en el que la Iglesia mantuvo el privilegio de competir con una escuela estatal sin medios ni mas recursos que el “Cara al sol” y las “Flores a Maria”.

No será hasta la década de los 70, mientras la crisis económica provoca en casi toda Europa un retroceso en las inversiones educativas, cuando los tecnócratas del Opus Dei se plantean, con la Ley General de Educación, dar la respuesta educativa al desarrollo capitalista que el franquismo había sido incapaz de hacer. Esta fusión de franquistas y tecnócratas cristianos les lleva a proclamar que «La formación humana integral, el desarrollo armónico de la personalidad y la preparación para el ejercicio responsable

de la libertad, inspirados en el concepto cristiano de la vida y en la tradición y cultura patrias; la integración y promoción social y el fomento del espíritu de convivencia; todo ello de conformidad con lo establecido en los Principios del Movimiento Nacional y demás leyes Fundamentales del Reino.»

 Esta Ley, también conocida como la “Reforma de Villar Palasí”, fué un antecedente de las propuestas neoliberales que años mas tarde desarrollará el Partido Popular. Su desarrollo se encontrará no solo con los obstáculos de la situación económica, sino con las tensiones naturales de la transición política, es decir con quienes ya están elaborando una alternativa al modelo nacional-católico imperante durante la dictadura y quienes pretenden sobrevivir al franquismo sin abandonar el poder. Frente a las diferentes “Alternativas” que se plasman desde los Colegios de Doctores y Licenciados de Valencia y Madrid y las “Escoles d’Estiu”, se irán produciendo diversas reacciones, amparadas bien desde la Federación Española de Religiosos Enseñantes (FERE)  como desde la Conferencia Episcopal. Es precisamente desde estos últimos sectores que durante el franquismo habían mantenido un interesado silencio,  desde donde comenzarán a levantarse las banderas de la libertad de los padres para elegir centro , de la consolidación del sistema de subvenciones o del proyecto educativo de centro como ideario.

Los llamados “Pactos de la Moncloa”, comenzarán a alejar a PSOE y PCE de las propuestas unitarias de enseñantes y asociaciones de padres  y madres progresistas, y como consecuencia, a llevar al proceso constitucional a la redacción de un ambiguo artículo 27. Éste, que reconoce a la educación como un derecho público, considera también la actividad de la enseñanza como un derecho privado que goza de garantía pública. Un derecho reforzado por los poderes públicos quienes además ayudaran a la iniciativa privada que reúna los requisitos que la ley establezca.

Este artículo, y su desarrollo posterior, permitirá no solo que se mantenga el sector privado de la enseñanza, ya privilegiado durante la dictadura, sino que se amplíe al amparo de su caracterización como  servicio público que se desarrolla desde la iniciativa privada.

La derecha no se contenta con el consenso constitucional, y una vez mas lo va a querer interpretar a su manera. Con la Ley Orgánica del Estatuto de Centros Escolares (LOECE) de 1980, los grupos de presión ideológica y económica intentarán garantizar «constitucionalmente» su situación de privilegio. Las propuestas contenidas en la ley de Educación, y otras tímidas disposiciones y situaciones de hecho impuestas en los tiempos de la transición, les hacían temer por el control hegemónico de la enseñanza y por la opción del gobierno sobre la escuela privada. El Estatuto pretende consagrar legalmente el sistema educativo franquista y en lo fundamental, dar garantías económicas e ideológicas a la FERE y a la patronal para que tengan libertad para campar a sus anchas.  Para los gestores de la Unión del Centro Democrático, la propiedad de la escuela era solo una cuestión de pura titularidad, y por tanto una vez cumplidos los requisitos que marcara la Ley, se debería equiparar, a todos los efectos y derechos, los centros públicos y privados.

Afortunadamente las protestas que se impulsaron desde las “Escuelas de Verano” y los  recién constituidos STEs, hicieron que esta ley no pudiera desarrollarse. Ello fue tal, que una vez anulada parcialmente por sentencia del Tribunal Constitucional, no se llegó nunca a suplir los vacíos abiertos por dicha sentencia.

En1982, mas de diez millones de ciudadanos apoyan la idea de un cambio democrático mas profundo que el producido durante la transición. Tanto los Movimientos de Renovación Pedagógica (MRPs), como un buen número de profesores universitarios, vinculados a lo que podemos llamar pedagogía crítica, se muestran partidarios de colaborar con la nueva administración. A pesar de ello, la LODE que se hará realidad en 1985, dejará bien claro que el sistema de la doble red pública y privada iba a permanecer. Pero si durante la transición se había pactado la financiación pública de la enseñanza privada a cambio de la participación democrática, ahora y pese a los millones de votos que le habían dado al PSOE una mayoría absoluta, éste fue mas sensible a las protestas de los sectores conservadores que a los sectores progresistas que en el peor de los casos le habían ofrecido un apoyo crítico. No obstante, la LODE fue el punto más alto de la participación democrática en nuestra historia educativa.

Este periodo reformista, fue seguido por el que bajo el paraguas de “la responsabilidad de gobierno” podemos calificar como de contrarreforma socialista. En efecto, tras la huelga de 1988 los sectores mas neoliberales del PSOE no solo acabaran con el ministro Maravall, sino con lo que significaba su proyecto político. Aunque su sucesor Javier Solana, mas tarde Secretario General de la OTAN, y hoy alto responsable de la Política Exterior y de Seguridad Común Europea, continuó hablando de reforma, en la práctica inició el principio de su final. De momento, la confianza ya no estará en manos de esos profesores y profesoras que han osado rebelarse contra un gobierno socialista, sino que pasará los técnicos diseñadores del currículum.

Este proceso culminará cuando en 1990 se promulga la “Ley Orgánica de Ordenación del Sistema Educativo” (LOGSE). Esta ley, una auténtica contrarreforma realizada sobre las reformas de la primera etapa socialista abre la puerta al periodo del reglamentismo. Así vemos como, tras ampliar la jerarquización y las desigualdades académicas con las nuevas  titulaciones, en 1995, la Ley Orgánica de la Participación, la Evaluación y el Gobierno de los centros docentes (LOPEG), sustituirá el protagonismo del profesorado y la participación democrática por los conceptos de eficiencia, organización y dirección profesional, y se convertirá en el refrendo legal que permitiría desarrollar un proceso de privatización de la enseñanza pública sin pasar a manos de capital privado. Como veremos a continuación, esta fue una lección bien aprendida por el Partido Popular.

Así fue como tras la llegada al poder en 1966, el Partido Popular se lanzará a un proceso de profundización de las directrices neoliberales en el mundo educativo. Después de un primer periodo sin mayoría suficiente para derogar y aprobar leyes orgánicas, y en el que desarrollará una política de ralentización de las leyes heredadas, iniciará otro periodo, no exento de las contradicciones posibles entre las políticas neoliberales y el pensamiento conservador y centralista español, en el que desarrollará los “Decretos de Enseñanzas Mínimas”, la “Ley Orgánica Universitaria” (LOU) y la Ley de Formación Profesional” (LFP), y que finalizará con la llamada “Ley Organica de Calidad de la Educación”(LOCE). Para ello, y a diferencia de los debates en la época socialista, ni un solo anteproyecto pudo ser discutido por los sectores sociales implicados en la educación.

Partiendo del catecismo neoliberal nos  hablan de la educación como un artículo de primera necesidad  y no como un derecho fundamental, responsabilizando a cada individuo de su propia formación y olvidando la responsabilidad que corresponde al  Estado, y por tanto contraponiendo la “cultura del esfuerzo” a la inversión en educación. Y es que para la nueva administración, el problema de la “calidad” es el que hace entrar en “crisis” a todo el sistema educativo, y éste, se encuentra en la gestión que del servicio público de la educación hace la titularidad pública. Por ello, su alternativa será una gestión privada de este servicio, pero no en el sentido tradicional de la “privatización”, sino tal y como nos el propio Nico Hirtt en el este libro, con el mantenimiento del servicio como público, pero con la introducción de diversos modelos de gestión privada, como la organización de la dirección o la delegación de servicios en manos privadas (comedores, actividades extraescolares, formación del profesorado, etc). Todo ello, eso sí, sin limitar las medidas que posibiliten el desarrollo de los centros de iniciativa privada.

Es por este objetivo que, entre otras medidas, la enseñanza democrática es uno de los objetivos fundamentales que pretende combatir el PP. Su objetivo es crear una burocracia con bajo presupuesto, construir un grupo cercano y dependiente de la Administración, con un talante más “comprensivo” ante sus medidas, difusor y controlador de lo que en cada momento le convenga a la Administración. Estas ideas, impulsadas como ya habíamos señalado anteriormente por el Gobierno del PSOE, pretenden establecer de forma definitiva la dependencia de los cargos directivos (inspectores, directores y miembros del equipo directivo de los centros) de sus superiores jerárquicos. Como complemento se pretende un mayor fraccionamiento del profesorado a través de la creación de nuevos cuerpos, como el de catedráticos. Con la LOCE reducen aún más las competencias de los Consejos Escolares, a los que se arrebata la conquista democrática de intervenir en la elección de los equipos directivos y el derecho a la participación de las familias en la gestión del centro.

Tenemos mas motivos que nunca para estar preocupados por la  continuidad de una enseñanza obligatoria como garantía del derecho de todas y todos a una educación que desarrolle sus capacidades en igualdad de condiciones, que les dote de una formación sólida que les capacite para afrontar los cambios de la vida, especialmente cuando es sabido que las desigualdades socioeconómicas y culturales de la procedencia familiar de los estudiantes se manifiestan en mayores dificultades para los menos favorecidos. Es preocupante cualquier medida que restrinja las posibilidades del alumnado de permanecer escolarizado o que segregue al alumnado con menor rendimiento.
No es de recibo que instituciones financiadas con fondos públicos seleccionen al alumnado y provoquen la concentración de los problemas en determinados centros. Sólo pueden aceptarlo quienes compartan la idea de que el sistema público debe competir con el privado a costa de quitarse de encima los problemas. Un nuevo modelo de sociedad debería estudiar incluso que el sistema público pudiera servir para establecer medidas compensatorias para los alumnos “retrasados” fuera del tiempo y/o el calendario escolar. Todo, una vez más, exige inversiones importantes tanto en preparación del profesorado adecuado, como en recursos humanos y materiales. Y esta Ley, como la LOGSE vuelve a nacer sin financiación.

Y ante la situación actual, surge nuestra pregunta, ¿Qué podemos hacer quienes no nos conformamos con este estado de cosas? ¿Cómo contribuir a una resistencia que dificulte y haga retroceder los proyectos sociales del neoliberalismo?

Hemos visto como desde diversos foros, Porto Alegre, Jabalquinto, las jornadas que organizadas desde nuestro sindicato, o las Escuelas de Verano, han ido surgiendo propuestas organizativas y de acción que debemos ir difundiendo y ampliando. También conocemos como se han ido desarrollado experiencias que demuestran que “otra escuela es posible”. A todo este proceso, análisis como los que desarrolla Los nuevos amos de la escuela”, pueden contribuir a profundizarlas y recontextualizarlas. Se trata pues de continuar trabajando día a día.

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Sobre los medios de comunicación y la globalización:

Cuando hablamos de globalización, se piensa en un conjunto de relaciones económicas, políticas y sociales que han modificado sustancialmente a la estructura mundial.
Donde más claramente se nota estos cambios son en los medios masivos de comunicación, a partir de los avances tecnológicos y de las modificaciones políticas y económicas operadas en el nivel mundial.
La globalización en lo comunicacional se revela como una tendencia hacia el establecimiento de una cultura global.
Mensajes masivos, uniformes, estandarizados son recibidos en el mismo momento por personas diferentes, en distintos lugares del mundo. Esto provoca que la función originaria de la comunicación social, la de transmitir los mensajes generados por miembros de una comunidad, se pervierta. Hoy los mensajes son generados y manipulados en un lugar lejano, por personas ajenas y con intereses ajenos a la comunidad que los recibe. Esto se evidencia aún más en los países periféricos, como es el caso de Argentina.

Se está produciendo un vertiginoso proceso de centralización y monopolización de los medios de comunicación, han pasado de tener un rol estratégico, convirtiéndose en el área a la que apuntan las mayores inversiones económicas.
Para resguardar nuestra identidad social y cultural dentro de un mundo globalizado, es necesario utilizar los avances tecnológicos, de acuerdo a nuestros propios intereses. Otro tema ligado a éste, es la creciente influencia de los medio en la sociedad, en la política y en las instituciones.
Los medios están cumpliendo funciones que deberían ejercer las instituciones. Las crisis de las representaciones políticas y sociales, el repliegue del Estado, han llevado a que la gente encuentre en ellos un canal válido para expresar sus inquietudes y necesidades. Esto se puede comprobar en la aparición de numerosos programas que se encargan de "escuchar" y "ayudar" a las personas, como ser "Causa Común", "Hablemos Claro", etc.
Muchas veces es a través de los medios, que se instalan los temas de la agenda política, pero estos surgen, a veces, desde el poder, otras de la comunidad que recurren a ellos para realizar sus reclamos y otras, incluso, surgen de los propios medios por motivos empresariales.
El circuito mediático está formado por las empresas, los medios y el público. Las empresas generan mensajes, pero reciben presiones del poder económico y del poder político; el público recibe esos mensajes ya manipulados, pero genera, al mismo tiempo, demandas a través del consumo. Y, por último, los medios a través de los cuales se transmiten estos mensajes tampoco son neutros.

·                     Es notorio que existe un proceso de monopolización, mediante el cual grandes empresas están absorbiendo a los pequeños medios. Los medios masivos de comunicación tienen cada vez mayor poder y tienen una influencia creciente en la vida política nacional.
Los grandes grupos monopólicos tienden a sustituir el diálogo social, uniforman, diluyen y lesionan la identidad, al no respetar las diversidades. Sin duda el principal problema que plantea la globalización se relaciona directamente con los monopolios y los oligopolios informáticos.
Por un lado la concentración mediática provoca una merma en las programaciones locales, en detrimentos de la difusión de la cultura y las tradiciones de cada comunidad. Por otro lado, el avance de la centralización ha puesto en riesgo numerosas fuentes de trabajo del personal de los medios de esas poblaciones.
Los medios masivos de comunicación, son parte constitutiva de la vida política y su influencia crece junto a la vida democrática; es por ello que se necesita una legislación con normas claras, para no dejar a los medios a los avatares de las reglas del mercado. El resultado del proceso de centralización y concentración monopólica ha dejado reducidos a dos corporaciones como únicos propietarios de la mayoría de las empresas que operan los medios de comunicación masivos. La opinión pública, la vida democrática, depende de la mediación que realizan estas corporaciones en el procesamiento de la reproducción de la información y los valores culturales de la sociedad. En cuanto al modo de nombrar programas, existen

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Globalización, medios de comunicación y la sociedad planetaria

Juan Manuel Cardoso Carballo. Granada Gómez del Barco y Ana González Delgado

El 12 de agosto de 1999, diez sindicalistas franceses de la Confederación Agraria destruyeron un McDonald’s en la ciudad de Millau, como muestra de rechazo a la Organización Mundial de Comercio (OMC) y a la globalización liberal, representados para esta ocasión en una multinacional de la comida rápida. Casi un año más tarde, el juicio de los procesados se convierte en una ruidosa y nueva manifestación contra el sistema, un paso hacia adelante en esa lucha antiliberal que ha situado a organizaciones como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional o la OMC y a las multinacionales como McDonald’s, Nike o Levi’s en el punto de mira de todo un ejército revolucionario, inconformista, amante de la ecología, defensor de los consumidores, visceral contra los abusos del poder y la manipulación informativa, activista y obstinadamente dedicado a descubrir los perjudiciales efectos que para los pueblos habrá de tener la globalización impuesta por el capitalismo más agresivo.

Estos manifestantes, como los de Seattle, Davos, Washington o los que estuvieron a las puertas de las convenciones republicana o demócrata el verano pasado y los que estarán por tantos lugares en el mundo, hacen ruido, demasiado ruido, pero también tienen mensajes, saben valerse de los mismos medios –aunque no siempre con las mismas respuestas y eficacia- que los dueños y gurús del nuevo esquema mundial. Los activistas han creado, están creando una sociedad planetaria, con redes de comunicación internas y con mensajes e imágenes mediáticas estudiadas, para enfrentarse en una lucha sin tregua y, tal vez, desigual, contra el poder absoluto del capitalismo que todo lo controla. No son unos ingenuos. El País del 1 de julio de 2000 informaba: "Fruto quizás de la veteranía militante de los organizadores, el guión que prefigura los acontecimientos está perfectamente diseñado para que los medios encuentren las imágenes más propicias, de mayor impacto visual". Se refería al juicio antes mencionado pero, ¿no es verdad que anteriores o posteriores protestas a estas parecerían hábilmente diseñadas por supuestos estrategas del bando más débil pero que son capaces de lograr sus minutos de gloria en la televisión?

Estamos, pues, ante un mundo que cambia, que se convulsiona, que acepta las nuevas tecnologías con más incertidumbre que esperanza y que observa atónito cómo todo lo que hasta ahora parecía inamovible se encuentra en descomposición. ¿Qué es la globalización, cómo nació, cuáles son sus objetivos y qué relación tiene con el pensamiento único y el maquillaje o pretendida aniquilación de la democracia participativa? ¿Quiénes están frente a estos enormes poderes que supuestamente nos quieren silenciar, dirigir, manipular y qué es realmente la sociedad planetaria que pretenden crear estos rebeldes de la aldea global que utilizan Internet para organizarse, que no se resignan a aceptar las imposiciones porque sí y que logran éxitos nada desdeñables en los medios de comunicación? ¿Cuál es el papel de los mass media en todo este conflicto? ¿Realmente las empresas informativas están siendo imparciales o son demasiado fuertes los vínculos económicos como para no tomar partido por el más fuerte o por el que paga? ¿Y los periodistas, ¿están preparados para informar sobre una guerra atípica, no convencional?, ¿están capacitados para acercar a sus oyentes, lectores y telespectadores la verdad de los hechos?, posiblemente rebelándose contra quienes los tienen en nómina, ¿miran para otro lado o informan de lo que sucede con la sutileza e ingenio que sólo un periodista sabe aplicar cuando no debe permitir que la fidelidad a los hechos arruine un buen reportaje? El reto, especialmente para los periodistas de principios del nuevo milenio, no es otro que el de tomar partido, en el grado de compromiso que uno quiera o pueda, ya que, directa o indirectamente, le será imposible permanecer al margen o seguir enarbolando absurdamente la bandera de la independencia o la objetividad que en la práctica jamás ha existido.

Globalización, pensamiento único y sociedad planetaria: conceptos para una batalla mediática

Castells cree que el nuevo mundo que toma forma en este final de milenio obedece a la coincidencia histórica de tres procesos independientes: la revolución de la tecnología de la información, la crisis económica del capitalismo y del estatismo y el florecimiento de nuevos movimientos sociales y culturales, lo cual ha creado la sociedad red, la economía global y la cultura de la virtualidad real. Para Jáuregui, la globalización, que no deja de ser un concepto de moda, es el nuevo sistema económico cuyos protagonistas principales no son los estados sino las corporaciones multinacionales y el efecto globalizador –mercado sin fronteras, circulación de riquezas, aumento del consumo y aparición de cierta sensibilidad ecológica- nacido en la economía se está trasladando a todos los ámbitos de la vida humana. Si para los neoliberales la globalización puede ser la puerta del éxito, también es cierto que se están generando efectos contradictorios como la irrupción de una nueva geografía de la exclusión social.

Heinz Dieterich Steffan asegura: "Un perfil de las quinientas empresas más grandes de la naciente sociedad global proporciona una idea del calibán económico-político que se está constituyendo a espaldas de la sociedad civil mundial" y concluye que el 87% pertenecen a los países de G-7. Considera que todas las "esferas de reproducción esenciales" del estado global se organizan de manera jerárquica, antidemocrática y explotativa. Los eslóganes de los agricultores procesados franceses no dejan lugar a dudas de cuáles son sus argumentos: "Los gobiernos son impotentes ante la dictadura del dinero"; "La OMC es un puro instrumento del liberalismo"; "El control ciudadano es el único que puede garantizar la soberanía alimentaria frente a los sistemas multinacionales híperproductivos". A pesar de ello, el FMI afirma que la globalización "es la interdependencia económica creciente del conjunto de los países del mundo, provocada por el aumento del volumen y la variedad de las transacciones transfronterizas de bienes y servicios, así como de los flujos internacionales de capitales, al mismo tiempo que la difusión acelerada y garantizada de la tecnología". Para la Comisión Europea, de acuerdo con lo reflejado en el informe "Hacer la nueva Europa", "la globalización disuelve las fronteras tradicionales. La revolución digital transforma nuestra manera de comunicarnos, de relacionarnos. Los asuntos mundiales exigen, y cada vez más, respuestas globales" aunque reconoce la generación de efectos negativos: los resultados están presentándose más excluyentes que universales, aumentan las desigualdades entre países y entre grupos sociales y regiones y pueden peligrar los mecanismos democráticos y las políticas de desarrollo sostenible por lo que se propone que la apuesta por la globalización sea compatible con los intereses colectivos de la sociedad.

Y es aquí donde surge el otro polo del conflicto naciendo así una batalla en toda regla para la que los periodistas y sus medios deben prepararse como auténtico corresponsales en una guerra con ganadores y perdedores, con mensajes subliminales, con discursos estridentes, con debates encendidos, con propaganda de los más imaginativa y con escarceos y ofensivas merecedoras de primeras páginas. Por un lado, los globófilos, quienes se sitúan junto al liberalismo más brutal y a la sombra de los grandes mecanismos del poder que ni ellos mismo conocen ni entienden, los que a toda costa defienden la globalización como la salida a todos los problemas del mundo sin pensar ni un instante en sus efectos perniciosos o en posibles medidas que atenúen su impacto. De otro lado, los globófobos, los supuestos perdedores, que son más numerosos, que gritan más, que se oponen sin recato a la americanización de la cultura y las costumbres y a la dictadura del dinero que están aumentando la pobreza y los desequilibrios. Son los ciudadanos del Norte rico que desprecian los métodos de su entorno y defienden a los del Sur, sometidos al control indeseable de su desarrollo. Son los hijos o los nietos del 68 que se ponen ahora en lucha contra el sistema que no les convence, que les sigue sin convencer y además les asfixia, un sistema que no evoluciona para solucionar los problemas de la Tierra sino para hacer más ricos y poderosos a los que ya son ricos y poderosos. Un sistema que trasciende a lo económico creando sutilmente una ideología propia: el pensamiento único que, como argumenta Estefanía, se presenta como indiscutible, en el que no es posible más que la participación de los especialistas, una ideología cerrada y muy cercana al concepto de lo políticamente correcto. David frente a Goliat. Rebeldes de la aldea global que no creen en las excelencias programáticas del BM y del FMI por perjudiciales para los más pobres, que se oponen a la contaminación provocada por el desarrollo incontrolado, que apuestan por el impago de la deuda externa, que exigen transparencia en las instituciones como la OMC, que reivindican unas relaciones Norte-Sur basadas en valores humanitarios y solidarios, que reclaman una defensa a ultranza del medio ambiente, que no quieren ni oír hablar de los alimentos trasgénicos y favorecen la agricultura ecológica, que boicotean a las multinacionales y proclaman las virtudes de las pequeñas y medianas empresas, que se transforman en activistas al servicio de la comunidad, que exigen el estricto cumplimiento de los derechos de los trabajadores, que respetan la diversidad cultural y aspiran no sin cierta utopía a la constitución de la "sociedad planetaria".

Globofóbicos y globófilos, ultraliberalismo brutal y aniquilador versus ecologistas, intelectuales, sindicalistas, proteccionistas, izquierda alternativa, anarquistas, humanistas, oenegés, humanitaristas, rebeldes, pacifistas, en fin, esa amalgama de culturas, ambiciones, aspiraciones, principios, sentimientos e ideologías que conquistan la calle y casi desde el anonimato pretenden regenerar lo que el mundo del nuevo milenio parece que está destruyendo. Hasta aquí, un simple vistazo al problema y a los contendientes. Somero, sin profundizar, pero suficiente para conocer las posturas. Ahora bien, ¿qué están haciendo los medios de comunicación: toman partido, informan, comunican, entretienen, manipulan, silencian, amplifican? ¿De qué manera se enfrentan los medios de comunicación a esta vorágine informativa y qué diferencia, en el seguimiento de los hechos, a los mass media poderosos, supranacionales con los de ámbito nacional, regional o local? ¿Está el ciudadano recibiendo toda la información, toda la verdad y conociendo todos los hechos o sólo una parte? Y si es así, ¿qué parte de la verdad, de los hechos, de la información y por qué esa parte y no otra?

Por último, ¿qué pintan los periodistas en todo esto? Después de todo, y aunque a veces parezca imposible creerlo, los periodistas son humanos, tienen corazón, ideas, cerebro, voluntad, emociones y conocimientos –deseo que todo lo anterior no sea mucho esperar de los periodistas-. ¿Cómo se comportan o cómo actúan? ¿Qué defensa tienen si se salen del guión, si es que acaso existe un guión preestablecido? ¿Conocen los periodistas el proceso de globalización y sus consecuencias o se limitan, como casi siempre, a reproducir sencillamente lo que no entienden? El periodista, como antes, como ahora, se encuentra frente al gran reto del siglo XXI: demostrar de una vez por todas que no sólo entiende lo que informa, que no sólo conoce del asunto sino que, además, es capaz de transmitirlo de manera que otros lo entiendan y no verse por ello condicionado. O sea, los periodistas deben de asumir las nuevas tecnologías y los profundos, duraderos, provocadores, beligerantes e influyentes cambios mundiales y deben hacerlo desde la preparación, la profesionalidad y el compromiso. Preparación porque los consumidores de su trabajo están hartos de informadores indocumentados y exigen productos de calidad. La gente no es tonta y los periodistas no pueden seguir creyendo que están por encima del bien y del mal. Profesionalidad porque cualquiera no vale para hacer un trabajo periodístico de cualquier manera. Sólo los profesionales saben qué es la seriedad, el rigor, la responsabilidad y la capacitación. Y compromiso porque, aunque ya se practica pero siempre soterradamente, los periodistas no pueden permanecer al margen y están obligados a rechazar lo despreciable y promover los mensajes auténticos.

Los medios de comunicación bajo la sospecha permanente y frente a los desafíos de la globalización

La información es un extraordinario instrumento de poder, para manipular y para influir, especialmente en los sistemas democráticos. Jáuregui cree que para obtener el poder político –cualquier poder, añadiría yo- es imprescindible organizar la conducta de los demás, y esa organización siempre implica comunicación, actividad que se lleva a cabo a través de los canales adecuados y especializados, los medios de comunicación, fundamentales para la consecución y mantenimiento del poder. Pero, asumiendo tales cotas de protagonismo llegan a situarse ellos mismos en el punto de mira toda vez que se erigen, también, como centros de poder. El nuevo "orden tecnocorporativo comunicacional" (Jáuregui) ha relegado la búsqueda de la verdad y ahora lo que importa es el negocio; la información es mercancía –Kapuscinski está en la misma línea: "La información es una mercancía cuya venta y difusión pueden proporcionar importantes beneficios"- sometida a las leyes del mercado y/o un instrumento de concentración de más poder. Si nacieron como contrapoder, hoy son un poder, pero no uno más, ni simple, sino un poder de envergadura monstruosa capaz de erigirse en arbitro y parte, según convenga. Así, la información ya no es un factor de liberación sino de dominación y los medios de comunicación entes abstractos al servicio de la información (por supuesto, cuidadosamente editada) y de la desinformación (perfectamente estructurada). Por ejemplo, Moncada argumenta que es muy difícil proponer alternativas informativas a lo que se nos ofrece normalmente por los poderes establecidos y, si se hace, acaban resultando productos propios de medios de comunicación marginales. Opina que los medios convencionales, unos más que otros, "son tributarios del llamado pensamiento único, prestándole una legitimidad que domina las noticias que se publican y que termina asegurando que la única democracia posible es la democracia capitalista en la que la participación política de los ciudadanos disminuye al tiempo que aumenta la influencia de los empresarios". O, dicho de otro modo, "da la impresión de que recibimos una constante aluvión de noticias pero, en realidad, cada más es más difícil saber exactamente lo que pasa y, especialmente, las cosas importantes que pasan".

Chomsky considera que una de las causas esenciales que ha contribuido a la globalización es el papel de la "prensa empresarial" advirtiendo a los "mimados trabajadores occidentales" que deben empezar a olvidarse de lujos como la seguridad en el trabajo, pensiones, salud, etc., una amenaza machaconamente repetida con el propósito de asustar y retroceder en exigencias laborales. "El populacho tiene que ser desviado hacia actividades no problemáticas por las grandes instituciones de propaganda, organizada y dirigida por la comunidad empresarial", asegura Chomsky, quien añade que ése mismo populacho debe ser convertido en "átomos de consumición" y "herramientas obedientes de producción". Sometidos a una sociedad global basada en la información y los multimedia (Dieterich) ello no es sinónimo de integración sino de una más salvaje atomización que ahondará en las desigualdades y el adoctrinamiento deltTercem Mundo por las elites. Así, muchos países que cuentan con televisiones sin posibilidad de corresponsales extranjeros, han de recibir informativos externos procedentes y elaborados por la CNN, la embajada estadounidense, la BBC o TVE, al referirse, por ejemplo, a Latinoamérica. La visión del mundo que reciben está ligeramente adulterada con la visión de su realizador. Hay muchas maneras de enseñar el mundo y cada cual lo hace como buenamente puede, sabe o le dejan. Machado argumenta que "lo que sí se globaliza, y a mucha velocidad, es la comunicación con el viejo modelo emisor-receptor: la elite elabora el mensaje, los demás lo consumen (...) detrás de la libertad enarbolada no está la espontaneidad de la naturaleza, sino el frío cálculo de las trasnacionales". La prensa del "mundo libre", volviendo a Chomsky, funciona bajo un "sistema de indoctrinación y propaganda estatal", capaz de llegar al tercer mundo con la fuerza, el interés o la capacidad de seducción suficiente que suelen transmitirse sin un proceso de reedición crítico o analítico. Esta es la razón por la que para Dieterich "las relaciones del tercer mundo ‘bailan’ según las melodías que le tocan las trasnacionales de la comunicación masiva y la agencia de propaganda estatal del primer mundo". Moncada añade: "El principal hecho de los años noventa ha sido la creación de un sistema de televisión global dominado por los grandes y un progresivo declive de la televisión de servicio público" y, en ese sentido, concluye que los medios hacen ahora lo que antes hacían los gobiernos, es decir, dirigir a la gente hacia los temas que le interesan a los poderes, evitando que se preocupen por otros más importantes o que sean tratados de distinta manera. Se trata de la estrategia "del entretenimiento a toda costa", de la saturación publicitaria y con una opacidad tal que los ciudadanos pueden llegar a estar ahora mucho más confusos que nunca sobre lo que acontece en el mundo.

Kapuscinski cree que "la civilización se vuelve cada vez más dependiente de la versión de la historia imaginada por la televisión. Una versión a menudo falsa y sin fundamento". El espectador conocerá la historia "telefalsificada y sólo unos pocos tendrán el privilegio de conocer los auténticos hechos". Pone como ejemplo de manipulación la pobreza, presentada como sinónimo de drama del hambre. Sin embargo, la miseria de dos tercios de la humanidad es la consecuencia de un reparto no equitativo de las riquezas en el mundo mientras que el hambre aparece en determinados momentos y en regiones concretas, considerándose una drama local y sus causas se deben, generalmente, al clima, a desastres como la sequía o inundaciones o a guerras. Añade que los mecanismos de lucha contra el hambre suelen ser eficaces. Pero por televisión se nos muestran imágenes de hambruna y operaciones especiales mediáticas como la de Somalia pero no se dice absolutamente nada sobre la necesidad de erradicar la miseria mundial, por cierto, presentada como asimilada a zonas exóticas, a fenómenos curiosos, a atracciones casi turísticas. La realidad, en resumen, es que los medios reflejan lo que pasa únicamente de forma superficial y fragmentaria. Moncada lo define muy bien: "El mensaje de la dirección a los periodistas de prensa escrita es: ‘los textos ligeritos, con constantes llamadas a la atención del lector, frases cortas, algún chiste o sucedido relacionado con el tema del artículo, nada de rollos’. Es la doctrina Berlusconi: ‘Bastante harta llega la gente a casa, harta del trabajo, del jefe, del tráfico como para que le sigamos complicando la vida desde la tele. El que quiera cosas serias que lea o que discuta con otros’. O en versión mexicana, la doctrina Azcárraga, fundador y primer dueño de Televisa: "México es un país de gente humilde, muy jodida por la vida, que nunca dejará de estarlo. La televisión tiene la obligación de divertir a esa gente y hacer que olvide su triste realidad y su difícil futuro".

No obstante todo lo anterior, es decir, cada uno de los miles de argumentos que investigadores e intelectuales han propagado para denunciar los efectos perniciosos de la globalización sobre los medios de comunicación, en la mayoría de los casos, brazos "armados" y ejecutores de los grandes poderes que manejan el capital, habrá que convenir que si el sistema está mal tendremos que hacer algo para adaptarnos o para cambiarlo y, si está bien, tal vez necesitemos la luz suficiente para descubrir sus supuestas bondades. Personalmente, creo que estamos sometidos a las empresas periodísticas o informativas, esclavizados por su poder omnímodo, condenados a ejercer de meros comparsas en una orgía de capital, transacciones y grandes decisiones. A veces, no nos dejan ni mirar; otras, podemos entrar para conocer los entresijos, casi siempre obedeciendo a intereses que se nos escapan. Pero nunca podremos contarlo por mucho que escribamos y será así porque el comunicador, el periodista, aunque esté a sueldo y convencido, es el enemigo.

Pero el pesimismo va más allá. Los ciudadanos no somos partícipes, no se nos tiene en cuenta. El periodista sabe un poco más que el ciudadano pero es como aquello del burro y la zanahoria. Sabemos lo que quieren que sepamos. Creemos ser libres e independientes pero sólo lo somos hasta los límites que los poderosos marcan. El culpable no es la globalización sino el poder y no el poder político abocado a servidumbres inconfesables y en disposición de ser usado en cualquier momento que sea necesario influir en una decisión, sino el económico, dios de todas las cosas, y el mercado, su gurú y profeta. Aceptando o asimilando esta circunstancia, por mucho que ello no signifique que comulgamos con semejantes postulados, amenazas y desvaríos, habrá que encontrar los elementos positivos en medio de esta batalla. Por lo pronto, las tecnologías de la información y su adaptación a los medios de comunicación están propiciando toda una generación de medios, de empresas y de periodistas con más y mejores posibilidades, altamente preparados en lo técnico y con un abanico envidiable de posibilidades para transmitir mensajes eficaces, directos e inmediatos. Otra cosa es el mal o interesado uso que se haga de todas estas nuevas herramientas.