Los CEFIRE valencianos, un asesoramiento al servicio del aparato

Perplejos hemos quedado muchos seguidores valencianos de CUADERNOS DE PEDAGOGÍA tras la lectura en el núm. 302 (mayo 2001) del artículo El asesoramiento externo en las CC.AA. firmado por Juan Ramón Jiménez Vicioso, que alude a los Centros de Formación, Innovación y Recursos Educativos (CEFIRE).

Concluir como hace el autor, sin usar más fuentes que las oficiales, que las características generales de estos centros valencianos se resumen en “Gestión democrática. Participación de la comunidad educativa” es faltar a la verdad de manera clamorosa. Una simple consulta a cualquier profesor valenciano mínimamente informado hubiera sido suficiente para revelar la tremenda engañifa a la que conduce la trascripción inocente del texto legal. Pero es preciso además hacer un poco de memoria para comprender la evolución de estos centros.

La colaboración institucional entre los primeros gestores de la etapa socialista y los MRP supuso en 1985 la puesta en marcha de los Centros de Profesores (CEP) por parte de la Generalitat. La participación en los nuevos centros de personas y colectivos vinculados a la renovación pedagógica favoreció una dinámica democrática en su funcionamiento y el desarrollo de propuestas innovadoras. Los colectivos docentes adscritos a cada centro y los seminarios podían participar en la gestión, en la programación de actividades y en la elección de su dirección. Y todo ello con un modelo de asesoría pedagógica próxima a las necesidades manifestadas por los centros educativos.

 

Sin embargo, la experiencia se frustró con la creciente burocratización a que se sometió la política educativa. Obsesionados con vender la Reforma más que en construirla, a los responsables de la Conselleria de Educación dejó de interesarles un asesoramiento que  pretendiera avanzar en la tarea de cambiar el pensamiento y la práctica del profesorado. Empezaron a exigir la realización de centenares de cursillos para repartir créditos y lanzaron una campaña de venta vertiginosa de proyectos curriculares y constructivismo de salón, en unos espacios reconvertidos ahora en oficinas expendedoras de certificados. Además, con el fin de cambiar el rumbo de los CEP discrepantes de las consignas oficiales, se elaboró una nueva normativa burocratizadora y empezaron los nombramientos a dedo de las direcciones y las asesorías, al tiempo que se vaciaba de competencias a los órganos de gestión. Todo esto ocurría antes de 1995, fecha en que el Partido Popular accede por primera vez al Gobierno de la Generalitat.

Como fue advertido por quienes abandonaron los CEP en esos momentos, los nuevos gobernantes no tardarían en aprovechar el campo abonado por sus antecesores. En poco tiempo se depuró a quienes aún no habían dimitido y se reforzó aún más la burocratización. Para hacerlo más visible, un nuevo Decreto (23/1997) que cambió la denominación de los centros —ahora CEFIRE— incorporaba unos retoques legislativos que todavía son papel mojado. Un ejemplo de esta afirmación es el sistemático nombramiento a dedo de las direcciones y de las asesorías, de modo arbitrario, sin mediar concurso público de méritos. Por otro lado, a pesar de figurar en el Decreto, nadie sabe aquí qué son los Consejos Pedagógicos de Formación, en los que deberían participar los centros educativos. Los CEFIRE son, en definitiva, una estructura servil e ineficaz al servicio de la política clientelar del actual Gobierno valenciano.

Quienes siempre hemos defendido un modelo de formación permanente ligado a las necesidades de los centros y del profesorado y gestionado democráticamente no podemos entender que en el artículo publicado por esta revista se afirme de los CEFIRE que “su funcionamiento parece más democrático que el de estos últimos [los creados por el MEC], al ser los cargos directivos elegidos por los propios asesores entre sus miembros y no por la Administración”. Ni democráticos, ni participativos. Simplemente, puro aparato.

 

Albert Sansano Estradera

Exdirector del CEP Parc del Molí de Godella.

Miembro del MRP Escola d’Estiu del País Valencià Gonzalo Anaya.