HACIA UN PLAN UNITARIO DE FORMACIÓN PERMANENTE DEL PROFESO­RADO . LA PERSPECTIVA DESDE LOS MOVIMIENTOS DE RENOVACIÓN PEDAGÓGICA DEL PAIS VALENCIANO.

 

(1)

ALBERT SANSANO ESTRADERA

Presidente de la Federación de Movimientos de Renovación Pedagógica del País Valenciano (España)

 

 

1.‑ INTRODUCCIÓN

 

 

 

En el pasado Congreso presenté la experiencia del Centro de Profesores de Burjassot (1) como reflejo de una experiencia en la que confluian los esfuerzos de los colectivos de profesores organizados autónomamente y un modelo institucional descentralizado para la Formación Permanente del Profesorado (FPP). Esta experiencia, lejos de generalizarse, ha ido viendo como desde la administración le ponían reparos para su desarrollo.

En efecto, la administración socialista del País Valenciano ha considerado mas rentable priorizar su control sobre el conjunto del aparato educativo, que el potenciar el desarrollo de organismos autónomos -como pudieron ser los Centros de Profesores (CEPs)- desde donde conjuntamente con los trabajadores y trabajadoras de la enseñanza progresista, se avanzara hacia una mejora de la enseñanza.

Al mismo tiempo, durante todo este proceso, y en multitud de debates sobre la formación del profesorado, investigación en la acción, en el aula, forma­ción en centros, etc., hemos ido viendo como se han ido apropiando desde la administración y elementos conservado­res, de las ideas que desde la pedagogía crítica y en con­creto desde los Movimientos de Renovación Pedagógica (MRPs), argumenta­ban los cambios en los procesos de formación del profesorado con el objetivo de cambiar la escuela.

Como consecuencia de ello, hoy ya no resulta extraño ver como el Proyecto curricular comienza a ser entendido como una simple progra­mación, In­vestigar en el Aula un proceso aislado incluso del centro, Investigar en la Acción una cámara de vídeo en una esquina, Formación en Centros una suma de proyectos indivi­duales (por supuesto fuera de la jornada lectiva  y del aula), o hablar de la obligatoriedad de la formación permanente sin poder resistir el que hablemos del derecho a recibir una formación perma­nente de calidad en unas condiciones laborales dignas.

 

 

Es un momento en el que se intenta hacer recaer sobre los enseñantes la responsabilidad del éxito o fracaso de la Reforma Educativa. Parece que todo depende de su aceptación a "reci­clarse" a cambio de un plus extraordinario o a recibir cursos gratuitos durante los periodos no lectivos.. Como si no de­pendiera de la financiación que debería permitir la reduc­ción de niños por aula,  que permitiera reducir el horario lectivo, flexibilizarlo para favorecer la formación de equipos do­centes, o para poder elaborar y editar buenos ma­teriales Curriculares. Como si no dependiera de otros fac­tores, no necesariamente económicos, pero que favorecen y estimulan al profesorado.

 

Pero también, es un momento en que estos temas aún es­tán abiertos  y es necesario que desde los MRPs y desde quienes trabajamos próximos al campo de la formación perma­nente retomemos de nuevo el debate. Esta es la razón por la que hemos considerado conveniente presentar nuestras reflexiones y con ellas, incluir una descripción de las dificultades que encuentra la for­mación permanente en el País Valenciano, junto a  algunas propuestas que nos lle­gan de profe­soras y profesores que trabajan en este campo.

 

 

 

2.‑ Algunas ideas sobre la formación permanente

 

 

 Pensamos que el profesorado manifiesta sus concep­­­­­­ciones en el proceso que llamaremos "la acción", y que ello lo realiza a través de procesos racionales e intuitivos du­rante y después de ella. En este proceso, mientras se rea­liza la re­flexión EN la acción, esta reflexión aparece ses­gada hacia la INTUICIÓN, mientras que cuando se realiza poste­riormente (la re­flexión SOBRE la acción), es la RAZÓN la que predomina.  El abandono de la reflexión sobre la ac­ción lleva al profesorado hacia una situación en que está inca­pacitado para conocer su conocimiento y el de los alum­nos, a actuar guiado por las conductas socializadas en el marco de la profesión, como un técnico que aplica unos cu­rrículos externos que le vienen dados a través de los mate­riales y libros de texto. Tenderá tarde o temprano a una rutinización de la prác­tica, a una resolución de conflictos dirigidos fundamentalmente a regular y reprimir las conductas desviacionistas de los alumnos.

 

Es esta argumentación la que nos lleva ­­­­‑junto a Porlan (1988) y el Proyecto IRES (1991)‑  a proponer a tra­vés del modelo de reflexión sobre la acción, un nuevo papel del profesorado.  Un profesorado in­vestigador del conjunto de procesos de enseñanza - aprendizaje que se desarrollan en el aula, facilitador del aprendi­zaje significativo de sus alumnos y alumnas. 

La defensa de este modelo, nos lleva a la necesidad de plantear unos princi­pios orientadores de las tareas (implícitas de la función docente) de formación permanente. Así pues, tenemos que re­cuperar el olvido que sobre la di­versidad del profesorado se suele dar en los diseños de mo­delos de formación. Una diversidad que tenemos que enten­der como el diferente ritmo que el profesorado tiene para cam­biar sus concepciones sobre la educación o para in­corpo­rarse a los procesos de formación que les pueden llevar a ese cambio. Una diversidad que im­plica diversas propuestas de formación permanente según el nivel de desarrollo profe­sio­nal en que se encuentre (inves­tigador, agente curricular, innovador o simplemente intere­sado por el cambio).

 

Pero si la necesidad de contemplar el respeto a esta diversidad es un principio básico, la necesidad de fortale­cer las ideas de autonomía y auto organización, no es menor. Un profesorado al que no se le potencie la autonomía, la capacidad de auto organizarse, que en definitiva no se sienta agente del cambio, va a ser difícil que se incorpore a éste. Pero sobre todo, va a ser más difícil el que pueda llevar a cabo el necesario enfoque colectivo de transformación, de trabajo con otros profesionales en un contexto esco­lar con­creto ‑y por tanto ligados a una acción y una prác­tica do­cente concreta‑. De reflexión real "en y sobre la práctica".

 

Otra de las ideas en las que coincidimos es en la ne­cesidad de un asesoramiento externo. La necesidad de poder desarrollar este trabajo en torno a grupos profesiona­les mixtos de in­tervención/investigación.

 

La superación de la idea del "experto" frente a trabajo cooperativo queda supe­rada por las recientes experiencias de algunos Centros de Profesores o algunos Departamentos Uni­versita­rios. En las que los "expertos" superan el con­cepto tradicional de formación para incorporarse al mo­delo de profesora­­­do/facilitador, interesado en impulsar el tra­bajo coopera­tivo, la investigación y el intercambio entre la te­oría y la práctica cotidiana del aula.

 

No podemos olvidar, ‑y de aquí es donde suelen huir gran parte de los debates sobre los modelos de formación‑ del profesorado ha de partir de una clara modificación de las actuales con­diciones laborales del profesorado. De un cambio de la con­cepción ins­titucional sobre la investigación hacia la idea de que ésta no debe ser tarea exclusiva de los "expertos" y que por tanto ha de ponerse al alcance de quienes dedican la mayor parte de su tiempo laboral a la docencia.  Que han de pro­ducirse cambios en las actuales situaciones administra­tivas para que el modelo de profesor / investigador / re­flexivo pueda ser realidad (reducción y flexibilización del horario lectivo, ruptura de conceptos anticuados como el de permanencia en el centro por los de distribución de la jor­nada entre tiempos reales y operativos ‑docencia, tutoría, organización del centro, formación, estudio y pre­paración de clase‑, etc.). En definitiva de una revalorización social de la función docente a través de todas las funciones que ella implica.

 

 

3.‑ ¿Que profesorado?

 

La información que suelen manejar los profesores consti­tuye un conocimiento tácito distinto al que procede de las Ciencias de la Educación y de otras disciplinas cientí­ficas.  La simplificación es evidente y así vemos como en muchos casos los contenidos son el eje estructurado de la práctica y suelen ser presentados como uni­dades absolutas de verdad; se aprende a través de aten­ción, retención y fija­ción de contenidos en la memoria, etc.

 

Pensamos que son estas concepciones las que hay que movilizar en el proceso de formación y para ello hay que superar la situación ac­tual: un panorama en el que conviven dos modelos de forma­ción permanente, el Científico - técnico, que suele alejarse de la realidad de la escuela y/o la transformación crítica de la misma  y el centrado en el profesor y su experiencia práctica, que suele ser espontaneista, ingenua o voluntarista.

 

Nuestra propuesta de Planes Territoriales Unitarios (PTU), que coincide en lo básico con la defendida por el conjunto de MRPs del Estado Español y con otros modelos como el Proyecto IRES,  pretende asentar un modelo organizativo que supere la si­tuación actual. El PTU pretende ser un modelo de formación del profesorado co­herente en los aspectos metodológicos y organizativos que permita adoptar un enfoque constructivista en base al tra­tamiento de problemas, para favorecer un conocimiento profe­sional de refe­rencia en los planos cognitivo, procedimental y actitudinal. Un modelo que parta de la la participación democrática en la diná­mica de las actividades desde su di­seño, a los procesos de gestión y evaluación. Pero sobre todo un modelo, que por su vincu­la­ción al territorio ‑la comarca‑, parta de las necesidades de los centros y los diversos niveles de desarrollo profe­sional que se encuentran en ellos.

 

 

4.‑ Los niveles de desarrollo profesional

 

Dentro de un PTU es necesario que se articulen diver­sos programas de formación según los niveles de desarrollo profesional que se quiera dinamizar. Así por ejemplo, nues­tra propuesta podría generalizar los siguientes ejes de in­tervención:

 

a) Dinamización. Dirigido a aquellos profesores que tienen un interés incipiente en el cambio. Las jornadas, conferen­cias, cursos de iniciación, etc., tienen por objetivo central el cambio actitudinal de los participantes (crear nuevas expectativas, interés por salir de la rutina, etc.) y a par­tir de ahí incorporarlos a otras actividades.

 

b) Apoyo a la Innovación. El profesor innovador ya está claramente interesado en cambiar su práctica docente. Los cursos extensivos y los seminarios con asesoramiento que proponemos para este nivel, deben contar con la alternancia de momentos presenciales de trabajo, donde participantes y asesores trabajan juntos fuera del marco escolar diseñando y preparando actividades de innovación, y no presenciales en el centro y en donde se trata de aplicar y experimentar lo diseñado previamente. La posibilidad que el diseño favorezca el asesoramiento directo en el aula enriquecerá el proceso al posibilitar mayor información para contrastar.

 

c) Experimentación curricular.  Hay profesores que ya se plantean un incremento de tareas con respecto a la innova­ción. No se identifican con el papel de técnico educativo que reproduce currículums externos. Sin embargo pensamos que necesita ‑y lo suele manifestar‑ de asesores - facilitadores o investigadores que favorezcan su debate o trabajo.

 

d) Investigación escolar. El "profesor investigador", además de ser agente activo del diseño y desarrollo de curriculum, se plantea la conveniencia de realizar aportaciones a la construcción de la teoría de la enseñanza y por tanto su formación se nutre de la participación en proyectos encua­drados en programas más amplios de investigación educativa. En este nivel, la formación es auto dirigida o hetereodirigida por un equipo, y básicamente necesita de los medios materiales y organizativos que le posibiliten su trabajo.

 

 

5.‑ La Organización del PTU y el Papel de las instituciones

 

Ya hemos reconocido en múltiples ocasiones que la fpp es un derecho y un deber de todos las trabajadores y traba­jadoras de la enseñanza. Es por todo ello que es la Admi­nistración quien ha de garantizar este derecho, (y posibi­litar ese deber) poniendo la financiación necesaria que po­sibilita los medios y recursos que los pueden llevar a cabo. Su posterior racionalización, planificación, y desarrollo para que pueda llegar a todos los enseñantes en activo y cubrir sus diversas necesidades de formación dentro de un modelo coherente es también una cuestión fundamental.

 

Nosotros pensamos que la elaboración de un Plan Unita­rio de Formación enmarcado dentro de una estructura de PTU posibilita este proceso.

 

 El Plan Unitario de Formación es un acuerdo general de Modelo de Formación que, coordinado por la Administración, parte del consenso entre las necesidades del sistema detec­tadas por la Consellería de Cultura Educación y Ciencia y las detectadas desde los Sindicatos, MRPs, Serveis de Formació de las Universidades y la representación de los CEPs ‑quienes a su vez representan a las necesidades plan­teadas en las comarcas por los Centros y los seminarios permanentes‑.  La participación en este Plan Unitario, su­pone la co­laboración de todos estos colectivos en la pro­grama­ción, seguimiento y evaluación del modelo acordado.

 

La Administración educativa, ha de garantizar que el modelo unitario que se acuerde ‑y que pensamos debe garan­tizar los crite­rios de diversas modalidades y condiciones de formación que señalamos en este documento‑ goza de la fi­nanciación suficiente para su desarrollo descentralizado en un periodo razonable (tres años por ejemplo). A partir de la distribu­ción de medios materiales, humanos y económicos debe dar autonomía para su desarrollo territorial (comarcal) a través de estructuras que aún pueden ser los CEPs si se frenan los recientes intentos de burocrati­zar su estructuras y recortar su autonomía. Pensamos que los Consejos de Di­rección de los CEPs, una vez corregidas las deficiencias de su constitución y funcionamiento (pasar a ser verdade­ramente representativos de los centros y seminarios perma­nentes que funcionan, am­pliación a organismos de control social con la incorporación de la representación municipal y de los sindi­catos y MRPs  representativos en la zona, etc.), deben ser quienes acuerden el Plan Unitario de Zona (comarca) y ges­tionen ‑a través del Equipo Técnico Pedagógico del CEP‑ su desarrollo.                                        

 

 

 

 

 

 

6.‑ La situación actual de la Formación Permanente del Pro­fesorado (FPP) en el País Valencià.

 

 

 Hace algunos años, la Administración socialista nos convocó a un debate para justificar el lanza­miento del mo­delo CEP como la panacea que iba a dar un giro radical a la situación de desatención que sufría la FPP. Hoy, junto al conjunto de medidas que definen un claro cambio de rumbo en su política educativa, nos preocupa la falta de memoria de quienes aún mantienen cargos de res­ponsabilidad en los des­pachos de la Consellería de Cultura, Educación y Ciencia de la Generalitat Valenciana.

 

En aquellos días, tan solo hace seis años, la Adminis­tración reconocía como descripción de la si­tuación, elemen­tos como: Una insatisfactoria formación inicial, la lentitud del Sistema Edu­cativo para adaptarse a los cambios sociales, el cambio de los conocimientos pedagógicos así como de las técnicas didácticas que se derivan, la necesidad de los cambios curriculares y estructu­rales del sistema educa­tivo, la falta de planificación, coordi­nación y evaluación de los programas de perfeccionamiento que habían ha­bido hasta en­tonces, y por último, la necesidad de que la formación per­manente debía reali­zarse lo más próximo posible al lugar de trabajo, y en torno a centros que sirvieran funda­mentalmente para revitalizar los centros de en­señanza

 

Este discurso, que constataba además la separación que había existido entre la FPP institucional y la paralela desarrollada por los MRPs y los grupos y seminarios didác­ticos, giraba en torno al nuevo perfil de profesorado que se desprendía de la po­lítica educativa que lanzaba el ministro Maravall.

 

Se trataba de potenciar en torno al profesor:

 

‑ El aumento de su competencia docente

‑ El protagonismo de su trabajo

‑ El fomento de su capacidad de creación autónoma en el campo de la innovación curricular.

 

En definitiva: La ampliación de su libertad profesio­nal, su autonomía. Un profesor autónomo, in­vestigador y crítico, eje de una nueva política curricular, desarrollada en el centro, frente al pro­fesor aislado, reproductor de los diseños de especialistas de despachos oficiales o editoria­les.

 

Esta filosofía, que reproducía un Informe de la Subdi­rec­ción General de Perfeccionamiento del Profesorado del MEC en Junio de 1986, era plasmada días después en la definición del Decreto de CEPs del Pais Valenciano, así como en las con­vocatorias de ayudas a MRPs, Escuelas de Verano, a la in­vesti­ga­­ción, etc.

 

En el caso de los CEPs, por ejemplo, los define como:

 

a) Centros de actualización y formación permanente

b) Centros de desarrollo curricular y de investiga­ción aplicada al aula

c) Centros de información, recursos y orientación

d) Centros sociales

e) Centros de profesores, y por tanto democráticos en su organización y   gestión

 

Seis años después de la creación de los primeros CEPs, y al confrontar tal discurso con las medi­das que lo debían desarrollar, tenemos que recordar también el anuncio que desde los MRPs y otras ins­tancias progresistas, hacíamos sobre las dificultades que los CEPs tendrían que superar para responder a las expectativas que desperta­ban.

 

Eran (y son) condiciones indispensables:

 

a) Acabar con el carácter voluntarista del profesorado, con el conjunto de actividades realizadas fuera del horario lectivo. La actividad de f.p. se ha de realizar ligada al Centro de trabajo, y si ello no implica un CEP por centro, si unas condiciones mínimas para el acceso al mismo.

 

b) Frenar la movilidad del Profesorado. Potenciar el grupo de trabajo.

Si el perfeccionamiento es tarea colectiva (diseño, experimentación evaluación...) hay que potenciar la gestación de equipos en los centros y su estabilidad.

 

c) Dotar a los Centros de los recursos necesarios para hacer realidad las nuevas propuestas didácticas que se generan en los programas de f.p.p.

 

d) Flexibilidad de los programas, del currículum oficial. Potenciar la adopción y experimentación de proyectos curriculares alternativos.

 

e) Facilitar la salida de las experiencias, de los materiales producidos. Unos CEPs sin fondos, o sin política editorial, difícilmente podrá competir con el material curricular de las editoriales.

 

f) Garantizar la flexibilidad y autonomía de los CEPs con unos mínimos que garanticen la claridad y limpieza de su gestión económica y organizativas al servicio de las necesidades del colectivo social y educativo en que está ubicado.

 

 

 

Hoy, una visión del panorama global del País Valencià, no pa­rece reforzar la idea de consolida­ción del modelo CEP que reivindicábamos. Todas las cartas muestran la inexis­tencia de una política de formación de profesorado, y como consecuencia de ello, cuando desde la Consellería aparece una pro­puesta, ésta es fiel reflejo de las ideas de los bu­ró­cratas mas reaccionarios.

 

Un primer ejemplo de ello lo podemos comprobar alrede­dor de los CEPs.

 

Últimamente, y pese al discurso insti­tucional (reflejado en publicaciones y actos públicos), no solo no se han dado pasos para verte­brar con mayor eficacia dicho modelo, sino que:

 

‑ No es de recibo una política de nombramiento de directores/as de CEP que viola incluso la legalidad vigente: No se convocan los concursos de méritos  tal y como señala el De­creto. A los Directores "designados" en pasados cursos siguen sin nombra­miento efecti­vo, designandose por el mismo sistema nuevas direcciones, con el agravante de que cada vez, sus nombres no solo se alejan más de la tra­dición en la reno­vación pedagó­gica de su comarca, sino que se acercan con mayor claridad al aparato político del PSOE. Esta situación, además de los problemas que por la provisionalidad crean a la gestión del CEP, desarrolla en los nuevos CEPs una política basada más en la búsqueda de estabilidad de los designados que en las necesidades reales de la zona del CEP.

 

‑ Los nuevos CEPs se crean sin pre­su­puesto. Este producto publicitario-electoral conlleva :

 

‑ Tener que distribuir los presupuestos de los CEPs existentes con los nuevos. Los incrementos presu­puesta­rios de última hora (chapuzas sacadas de la supresión de acti­vidades y  programas que deberían haberse llevado a ca­bo) no cubren los mínimos para garantizar el funciona­miento de años anteriores.

 

‑ Que con la reducción de partidas se limitan las posibilidades de desarrollar las ac­tividades que garantizan la autonomía comarcal y por tanto uno de los objetivos fun­damentales de su cre­ación (el acercar la formación institu­cional y no institucional a través de la ayuda y so­porte grupos y se­mina­rios, actividades propias...)

 

‑ Se detecta un vocabulario distinto en la admi­nistra­ción a la hora de referirse al papel de los CEPs. Hablan machaconamente del desarrollo de la Reforma como objetivo fundamental de estos. Esta in­sistencia en recordar algo que en los CEPs estaban implicados (aunque no en la forma buro­crática con que solía actuar Consellería) , demuestra que han cambiado los objetivos con respecto a la Reforma y su desarrollo. Ahora las prisas y  la falta de financiación que denunciamos en su día, entran en con­tradicción con el cambio del pensamiento del profesorado, con el fomento de la re­flexión y su autono­mía. Necesitan adoctrinar y desarrollar una política de imagen ante la sociedad y para ello han de desarrollarse otro tipo de actividades.

‑ No se avanza en la formación permanente dentro del horario lec­tivo ‑tal como se pedía desde los sindicatos y los CEPs‑ sino que los nuevos programas que proponen, lejos de avanzar en el camino abierto por planes como los de Ma­temá­ticas o Len­guas, se transforman en cursos in­tensivos de Ju­lio y Sep­tiem­bre, sin las garantías de po­der desarro­llar un segui­miento con los mínimos que el modelo de forma­ción cen­trada en el aula requiere. Estas intenciones detec­tadas el pasado curso se han visto la­mentablemente confir­madas con medidas como la circular de principio de curso, las órdenes a la Univer­sidad para que no se organicen Masters didácticos ( so pena de no recibir subvención) antes de las cinco de la tarde, etc.

 

‑ Se comienza a apuntar desde la Consellería que las tareas fundamentales de los ase­sores y los CEPs deberán ser dedicarse a esos planes, por lo que todo diseño autó­nomo quedará reducido al tiempo libre que les quede, y evi­dente­mente en condiciones pe­ores de horario. Si hay alguna posi­bili­dad de trabajar en algún centro en hora­rio lectivo está será para un programa central.

‑ Todo ello, sin haberse producido ninguna reflexión sobre:

                

* los diversos modelos de formación que han fun­cio­nado en el País Valenciano y su utilidad según para quien y para qué (recordemos que la Consellería prohibió unas Jor­nadas organizadas por los CEPs y que pretendía abordar tal reflexión).

* necesidades del formación del profesorado por co­marcas, niveles y sectores.

* reacción del profesorado ante los diversos mo­delos experimentados y consecuencias que pueden traer pro­cesos de formación intensiva en Julio y Septiembre, sin condiciones adecuadas (climatológicas por ejemplo).

* la falta de garantías del seguimiento de la for­mación intensiva por parte de las asesorías de CEP a lo largo del curso siguiente debido a las dificultades de atención que supone el no poder convocar seminarios y grupos dentro de la jornada laboral, etc.

* la falta de garantías ‑ y esto ya es una lamen­ta­ble costumbre de nuestra Consellería ‑ de que todo diseño responde al menos a la coherencia interna de un programa a medio plazo.

 

 

Pero esta actitud no se refleja tan solo parcialmente ante el modelo CEP. Son los Presupuestos Generales de la Generalitat Valenciana quienes en un año de lanzamiento de la Reforma congelan las partidas presupuestarias de Innova­ción y Renovación Pedagógica del Profesorado.

 

En 1990 los presupuestos de la Generalitat Valenciana tuvieron un incremento del 49,89% en el Programa de Renova­ción Peda­gógica. Ello suponía un mensaje esperanzador para una parte fundamental del proceso de Reforma Educativa: la financiación de las medidas dirigidas al perfeccionamiento y renova­ción pedagógica del profesorado que tiene que llevar a cabo la Reforma.

 

Sin embargo, desde 1991, y pese al hecho del anuncio de ser el periodo en que se anunciaban las medidas complementarias para el perfeccionamiento del profesorado: nuevos cursos de for­mación (lenguas, cien­cias, infantiles...), incremento del número de CEPs (siete nuevos y 11 extensiones), incremento del número de asesores ( ampliación en los CEPs consolidados y dotación a los nuevos); los presupuestos son un calco de los programados en 1990. Las consecuencias ya las hemos se­ñalado anteriormente.

 

No echemos pues, tan solo la culpa a los diversos res­ponsables de educación. El gobierno autónomo es corresponsable tanto del caos que se fue generando en la Consellería, como de la falta de credibilidad que la Reforma Educativa tendrá en el País Valencià.

 

 

 

 

7.‑ ¿Calidad de la enseñanza?

 

Ya hemos dicho en la introducción que hay un ele­mento que no podemos dejar de la­do. El tema de la FPP está siendo vinculado de forma opor­tunista al justo sentimiento de los docentes del reco­noci­miento profesional desde la pers­pectiva retributiva. Esta posición, que han compartido  algu­nos sindicatos y la Admi­nistra­ción, y que se re­fleja en acuerdos firmados a ni­vel de te­rritorio de competencias del Ministerio de Educación y  en el País Valenciano , es una de las peores trampas que se nos han ten­dido en contra de la mejora de la calidad de la enseñanza y el reconoci­miento de la profesionalidad docente.

 

En efecto, el vender estas medidas  u otras  similares dentro de un paquete bauti­zado como "medidas que propician condiciones para la implantación de la Refor­ma", es una falacia que esconde el verdadero estado de la cuestión.

 

La Administración, y quienes renuncian a la defensa de la Escuela Publica a cambio de un populismo electoralista dirigido hacia los sectores mas atrasados, pretenden hacer callar las reformas que se necesitan para un cambio progre­sista de la enseñanza, a través de veinte mo­nedas de plomo por el que algunos están dispuestos a renun­ciar a las ver­daderas necesidades de la escuela.

 

Renunciar a priorizar medidas como reducción del hora­rio lectivo para permitir otras tareas, aca­bar con el caos endémico de las bajas sin cubrir en los centros, permitir la flexibilidad de horarios de acuerdo con la comunidad esco­lar, bajar las ratios, etc.  a cambio de la incentivación individual de no se sabe que actividades de formación es renunciar en definitiva a la verdadera revalorización social y económica de la docencia y de la educación en su conjunto.

 

Ser docente significa un conjunto de tareas lectivas y no lectivas, entre las que se encuentran tanto el trabajo a pié de aula, como la reflexión sobre la práctica y por tan­to, todo el conjunto de acciones que denominamos forma­ción permanente y renovación pedagógica del profesorado. A ese docente, como trabajador de la enseñanza, la adminis­tración le asigna un salario y unas condiciones de trabajo que le permitan desarrollar dignamente su profesión.

Una administración  preocupada por la calidad de la enseñanza, tiene el DEBER de asignar no solo un salario digno, sino las condiciones para que este profesional pueda desarrollar su profesión, y ello lleva implícito todo el conjunto de condiciones que permiten tanto mejorar su capa­cidad profesio­nal, como el desarrollo de su profesión.

 

¿Hablamos todos igual cuando se nos llena la boca de Escuela Pública y calidad de la enseñanza?. Día a día vamos viendo más claramente que no. No son nuestros criterios los que sitúan el camino ac­tual por las vías de caminos economicistas y burocráticos plasmados en recortes presu­puestarios y de personal. No es nuestro camino, aquel que nos aleja cada vez más del cuerpo único y perfila carreras docentes encubiertas de estímulos individuales. La Escuela Pública y Popular que defendemos responde a otro modelo. Necesita de otro tipo de medidas, pero sobre todo no se puede realizar sin un profesorado crítico, reflexivo y consciente de la necesidad del trabajo cooperativo para cambiar la escuela. Ese campo de profesorado, y nos reafir­mamos una vez mas en ello, no se amplia ni es efectivo por incenti­vos individuales, sino fundamentalmente por la mejora del conjunto de sus condiciones profesionales.

 

8.‑ Nuestra propuesta de condiciones para un Plan Unitario de Formación.

 

A.‑ Es necesario un Acuerdo sobre la Formación Permanente del profesorado del Pais Valenciano. Este acuer­do, para el cual proponemos el modelo de los Planes Territoriales Uni­tarios, debe de estar desvinculado de toda propuesta retribuida del profesorado, y contener tanto el conjunto de ne­ce­sidades de infraestructura y personal que requiere, como de la finan­ciación que lo haga posible y estable a medio y largo plazo.

 

 

B.‑ Dicho Plan, debe reconocer la necesidad del derecho de la FPP para todo el profesorado como parte de su profesio­nalidad docente, así como el deber de la Administración de garantizar el correcto fun­cionamiento de la profesión, fa­cilitando y diseñando actividades de formación oficial y no‑oficial re­conocidas (proyectos colectivos de centro, de seminarios, grupos o MRPs) dentro del actual ho­rario lectivo y no lectivo de los docentes.

 

 

C.‑ Algunas experiencias desarrolladas en el País Valencia­no, e identificados con la conveniencia de modelos de for­mación centrados en el aula y el centro de trabajo, nos obligan a exigir como necesario la posibilidad de combinar fórmulas como utilizar del actual horario del profesorado, un mínimo de dos horas lectivas y una no lectiva se­manal, con periodos de formación intensiva de corta duración con li­beración total de docencia. Rechazamos todo programa que limite la formación intensiva a periodos fue­ra del ca­lenda­rio escolar y que no incluyan las fórmulas antes cita­das como partes del programa.

 

 

D.‑ Es preciso, para facilitar lo anterior, modificar las actuales circulares de principio de curso. En primer lugar, para que su diseño no impida una organización del Centro que posibilite la formación del profesorado en la linea ante­riormente señalada, y en segundo lugar, para que prevea que una de las tareas de la Inspección sea el facilitar e im­pulsar que dentro de su marco territorial los Planes de Centro puedan posibilitar seminarios intercentros (adecua­ción de determinadas actividades de formación a determinados días y horas de la semana, etc.)

 

 

E.‑ Profundización en el carácter democrático de los Centros de Profesores. Los CEPs serán sentidos por el profesorado cuando estos sirvan realmente a sus intereses. Toda maniobra para convertirlos ex­clusivamente en herramienta de la admi­nistración (error en que suelen caer quienes confunden el estado de derecho con el derecho del estado como aparato del partido que lo controla), los alejará de su po­tencial efi­ca­cia.

 Ello obliga al freno inmediato de todos los intentos de evitar la gestión democrática de los CEPs (nombramientos a dedo, modificaciones legislativas) y el desarrollo de todos los procedimientos de gestión existentes ( elección de Consejos de Dirección,  pro­puesta por estos Con­sejos de las Direcciones, etc.,..).

 

F.‑ Ayuda real, y no solo declaración de intenciones, al desarrollo organizado de la renovación peda­gógica. Recono­cimiento oficial de las organizaciones que los representan -como la Federación de MRPs del PV- y estable­cimiento de  convenios‑marco que doten a estos de los medios humanos y materiales que garanticen el desarrollo a corto y medio plazo sus actividades.

 

G.‑ Mejora del catálogo de puestos de trabajo. Negociación del mapa escolar y las plantillas de los centros. Dotación de personal administrativo a los centros de primaria. Per­sonal laboral para comedo­res escolares.

 

H.‑ Resolución del restante conjunto de problemas que alte­ran un funcionamiento eficaz del profesorado y los centros: Calendario que posibilite la solución de problemas como los generados por la habilita­ción y personal mal adscrito, bajas no cubiertas a partir de tres días, excedencias de materni­dad, etc. Calendario para regular de forma definitiva el problema de acceso a la docencia pública de las bolsas de interinos, y contratados, trabajadores de la privada y pa­rados, etc.

 

 

 

  ALBERT SANSANO i ESTRADERA

Presidente de la Federación de Movimientos de Renovación Pedagógica del Pais Valenciano.

 

 


BIBLIOGRAFIA

 

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(1) SANSANO, A (1990) "El centro como unidad de renovación pedagógica"